jueves, 31 de enero de 2013

ATADURAS.

 

Su olor personal se nota como más fuerzo aquí dentro, un perfume que evoca la madera y me hace pensar en  ir de acampada. No he dormido en una tienda de campaña desde que era niño. Avanza a grandes pasos hasta la ventana y se agacha un poco para asomarse y contemplar lo de fuera. Hay en él una fuerza, una especie de virilidad latente, que hace que  se me seque la boca. Alaba las vistas desde mi ventana. ¿Debería estar tan cerca de él? Miro fuera y veo un cielo negro cuajado de estrellas. “En la capital ya no se ven las estrellas, no me acordaba de este cielo, despejado, negro que queda después de que la lluvia lo deje todo limpio y reluciente”, dijo a modo de excusa para poder acercarme y ponerme a su lado.
“¿Cuánto haces que vives en la ciudad…?”, me pregunta sin apartar la vista del hermoso paisaje exterior, pero percibiendo mi presencia a su lado. Le respondo una fecha que no corresponde con la realidad, que no corresponde a la verdadera verdad.
Se vuelve para mirarme, de modo que la mitad de su silueta queda bañada por la luna. En la penumbra, parece más corpulento que antes y más atractivo que nunca. El juego de luces y sombras acentúa sus rasgos afilados y poderosos.
Hablamos de cosas sin importancia, con ese punto de recelo y cuidado estudiado de no hacer la pregunta que desembocara hacia el siguiente paso, hacia una intimidad más personal. Aun sabiendo que será inevitable. Y lo inevitable sucede. Mi cuerpo se tensa de un modo perceptible. Se disculpa, a la vez me toca el brazo, intrépido, generoso. Yo me sorprendo o me turbo, no sé. No aparta los ojos de las estrellas y guarda silencio unos instantes que para se vuelven molestos sin saber cómo reaccionar, como volver a tomar el resuello de la conversación.
Una luz parpadeante se desplaza en el cielo sobre un telón de fondo de estrellas. Un avión. “Me subiría en él y me iría para poder llevar una vida de alegre sencillez”, susurra. Me mira en la oscuridad y la penumbra endurece sus facciones. Sus palabras resuenan en el aire sin respuesta, se me escapa un suspiro.
-Tengo miedo, hala, ya lo he dicho.  Temo sonar desesperado…
-No suenas indeciso, no es lo mismo.
-Solo he venido a tomarme un descanso, un respiro. Estoy huyendo de… de los recuerdos.
-Aún estás enamorado de él.
-¿Lo estoy? El hijo de puta sigue despertando en mí emociones poderosas. Sigo sintiendo algo por él. Se mezclan sentimientos buenos y malos, pero sobre todo malos.
-Es natural que así sea. No podemos apartar a la gente de nuestras vidas y seguir adelante como si nada hubiese pasado.
-Ojala.
Todas las telarañas se hacen visibles de pronto. Así como el abarrotamiento, las sombras, la oscuridad.
-Me estoy adaptando a una nueva vida. No estoy seguro de lo que me espera no de quien seré. Después de quince años de relación.
-Te estas reinventando a ti mismo. Lo hacemos todo el tiempo, cada minuto de cada día. Puedes hacerlo, puedes desligarte de él.
Su voz vuelve a sonar grave y ronca.
-Yo también sufrí lo mío, en una ocasión. Pero saben lo que dicen: Que  hay luz y oscuridad. Vida y muerte. Amor y dolor… Tienes que averiguar en qué fase te encuentras.
-Sí, pero no se cocinar. –Mis mismas palabras me arrancan una sonrisa.-
-¿Qué importancia tiene eso? Eres precioso, generoso y sincero. Ya cocinara alguien para ti. –Segundos de silencio.- Yo por ejemplo.
Mi siguiente frase se me queda atravesada en la garganta ¿Qué iba a decir? Noto cómo se me encienden las mejillas. ¿Por qué me cuesta tanto respirar cuando lo tengo tan cerca de mí?
-No debería contarte todo esto… Cuando estoy contigo tengo una sensación extraña. Es como si pudiera decir cualquier cosa, hacer cualquier cosa.
-Me gustas que seas tan franco. Me alegro que sea así.
Sin pensárselo dos veces me conduce a la cocina, y en una especie de danza, prepara un salteado de verduras. La estancia se llena de suaves vibraciones, como si no existiera nadie más que nosotros dos. Sirve la cena, me ruborizo, sin apartar la mirada de las humeantes y olorosas verduras que  llenan mi plato. Empezamos a comer y empezamos hablar.
De repente, entre risas relajadas y aconsejadas, coge la silla, rodea la mesa y se sienta a mi lado. Y, antes de que pudiera impedírselo, se inclina hacia mí y me besa. Sus labios ejercen una presión firme, resulta, y me siento transporta a un mundo  resplandeciente en el que todo mi ser  anhela ser amado. Es algo tan intenso que se traduce en dolor, un dolor que me recorre el cuerpo, pero saco fuerzas de flaqueza para zafarme de su abrazo.
-No puedo hacerlo.
Aparto la silla de la mesa y me levanto. Noto un cosquilleo en los labios. Mi  cuerpo se llena de luz, como si un universo de estrellas hubiese cobrado vida en mi interior.
-¿Por  qué no? –entorna los ojos, el gesto  sereno.
Todas y cada una de las moléculas de mi cuerpo está deseando ceder, pero no puedo hacerlo.
-No estoy… preparado.
-Puedo esperar.
-Quizá tengas que esperar toda la eternidad.
Me pongo al coraza interna, la de que no me vuelvan hacer daño. Hubo un tiempo en que también él me dejaba sin aliento.
-Quizá tenga toda la eternidad. –Replica, se levanta despacio y se dirige a la puerta de salida.
Me siento morir.
-Te acompaño, quiero que me comprendas. –mi voz suena implorada y suplicante.
-No hace falta, termina de cenar. Pero lo nuestro no ha hecho más que empezar…
-Necesito tiempo, nada más.
Mi corazón está cerrado a cal y canto. Se acerca y me da un beso en la frente, de la misma forma que se la da un beso a un pequeño niño indefenso.
-Tómate todo el tiempo que necesites. Pero recuerda: a veces tienes que lanzarte al vacío, arriesgarte, coger la vida a manos llenas, aunque solo sea por un día.
Y se va.




LADRÓN DE REALIDADES.




Se vuelve hacia la ventana con un gesto entre anhelante y nostálgico, y se pierde en la contemplación de la gente, de los paraguas, de las gabardinas que pasan bajo la lluvia, relucientes pinceladas de amarillo y azul, como espejismos invisibles e inalcanzables.


Ilustración Jesús Cisneros.

jueves, 24 de enero de 2013

LADRÓN DE REALIDADES.


 
Amar es la única riqueza que crece con la prodigalidad y generosidad. Cuanto más se ofrece, más queda.

BOCETO PARA UN TAPIZ.

 
 
Ilustración Vicente Desiderio.


Del vuelo solamente el hálito nos queda
el vacío de un cuerpo que fue
sombra de incierta trayectoria
por playas vírgenes de crepúsculo
vergonzantes vejados vidrios sobre los muros de yedra
pies desnudos golpe de ala en los batientes de la tarde
tu y yo nos perdemos por senderos de musgo y roble.
 
Todos los corazones enmudecen y el espacio se puebla
de un ácido alboroto de membrillos y pestañas
cerramos los ojos para apresar el vuelo
ebrios recuerdos surgen de los bares nocturnos
allí estamos tu y yo solos habitación vacía
                                                                    del ala
solamente nos queda el polen
manos de arcilla deshacemos pétalos de acero sin rumbo
por sombríos valles oscuros guerreros se deslizan
hacia noches de temor.
 
Autor: Jaime Peréz.
Título Libro: Prismas.

viernes, 11 de enero de 2013

LADRÓN DE REALIDADES.



INVIERNO.

 
 

POESÍA DE LOS MESES.




 
 
CALENDARIO POÉTICO
(Carmen García Béjar)

 
Empecemos por ENERO,
que debe ser el primero;
y detrás, muy pegadito,
FEBRERO, que es más cortito.
Sigue MARZO, que es ventoso,
y, a veces, es desastroso.
Cuando acaba, llega ABRIL,
que suele traer aguas mil.
Después MAYO le ha seguido,
que viene todo florido.
Cuando el mes de JUNIO asoma,
el sol ya pega en la loma.
En JULIO, quítame el sayo,
que de calor me desmayo.
En AGOSTO, a descansar:
¡todos a veranear!
Cuando veas llegar SEPTIEMBRE,
vete al cole como siempre.
Al llegar el mes de OCTUBRE
ya el fresquete se descubre.
En NOVIEMBRE se han pelado
los árboles en el prado.
Y en DICIEMBRE es Navidad, que todo es felicidad.

viernes, 4 de enero de 2013

LADRÓN DE REALIDADES.

 
 

Porque no soy quien tú eres.
Porque no he vivido lo que has vivido.
No puedo recorrer la vida con tus ojos ni verla a través de tu corazón.

LO QUE LLEVA EL REY GASPAR.

 
Los tres reyes han salido de sus palacios. Los tres son viejecitos. El rey Melchor es alto, con una barba blanca, con sus ojos azules, con sus anteojos de oro. El rey Baltasar es bajo, un tantico encorvado, con un bigote largo y una perilla más larga todavía. El rey Gaspar no usa nada en la cara; va afeitado, pulcro, correcto, pero su nariz cae un poco en gancho sobre la boca, y en la comisura de sus labios hay algo como una sonrisa equívoca, inquietante, como una ironía vaga, desconsoladora. Yo os digo desde este instante, pequeños amigos míos, que no perdáis de vista a este viejecito....

Los tres reyes van caminando durante la noche por un camino largo; las estrellas brillan, serenas, rutilantes, en la bóveda negra; abajo, en la tierra, tal vez en la lejanía remota, se oye un grito perdido o se ve el resplandor incierto de una lucecita. Esta lucecita indica una ciudad. Los reyes han llegado ya a esta ciudad. Ya van a detenerse ante las casas; ya van a meter las manos en sus grandes arcas; ya van a dejar en los balcones sus dádivas ansiadas. Pero los tres se detienen un momento antes de penetrar en la ciudad. Antes ya lo habréis oído contar-, estos reyes eran muy ricos y les ponían regalos a todos los niños de todas las casas, de todas las ciudades; pero el tiempo ha corrido mucho; las circunstancias han cambiado mucho para los reyes, y estos tres excelentes monarcas, a fuerza de prodigar sus dones, han venido a ver grandemente mermado su caudal. Quiero deciros que Gaspar, que Baltasar y que Melchor se ven todos los años en el terrible compromiso de no dejar sus recuerdos preciosos si no a tales o cuales niños que el azar les designa.
 
 

Los tres reyes se han detenido a las puertas de la ciudad. Melchor, el de la barba blanca y los ojos azules -no creáis a quien os lo pinta con la tez negra-, tiene delante de sí una gran arca, que él ha abierto para inspeccionar qué es lo que queda en ella. Baltasar, el de la perilla y el bigote -reíros de los que os lo representan de otro modo-, tiene también su arca, y en ella, con el mismo fin, ha hecho su recuento. Gaspar, pequeños amigos míos, no tiene arca, no tiene equipaje, no tiene ningún camello, ni caballo, ni asno en que llevar lo que ha de regalar a los niños, pero tiene una nariz un poco encorvada y unos labios que expresan una ironía suave, vaga, inquietadora.

Los tres reyes han hecho ya su arqueo y se disponen a entrar en la ciudad. Como van siendo ya pobres, ellos no llenan las cestas que hay en todos los balcones, sino que, según la comodidad o el capricho, dejan sus mercedes y regalos en unos -que son pocos- y pasan de largo ante otros -que son muchos-. He de deciros que, para que sean más los niños favorecidos, los tres reyes han convenido, no en donar los tres sus regalos a todos los niños elegidos, si no en que cada uno haga su donación a cada niño. Y así, de tarde en tarde, Melchor se para delante de una casa y abre su arcón; luego deja en la ventana su dádiva. Lo que este rey de la barba blanca regala se llama: INTELIGENCIA. Al cabo de un largo rato, Baltasar se detiene ante otra casa y mete la mano en su tesoro; después pone su dádiva en la ventana. Lo que este rey del bigote y de la perilla dona tiene por nombre: BONDAD.

Y solo este histórico rey Gaspar, este rey de la nariz picuda y de los labios apretados, sólo este rey pasa, y pasa, y pasa ante los balcones y no se detiene si no ante uno, o dos, o tres de cada ciudad. Y ¿qué es lo que hace entonces el rey Gaspar? ¿Qué es lo que regala este rey? ¿Por qué es tan sórdido, tan avaro, tan riguroso en sus regalos? Todo el tesoro de este rey está en una diminuta caja de plata que él lleva en uno de los bolsillos de su levita -no olvidad que los reyes usan ahora levita-. Cuando Gaspar se detiene ante un balcón, allá, muy de tarde en tarde, él echa mano de su pequeña caja, la abre con cuidado y pone su donativo en el balcón. No es nada lo que ha puesto; es una cosa insignificante; es como humo que se disipa al menor viento; pero este niño favorecido con tal regalo gozará de él durante toda su vida y no se separarán de él ni la felicidad ni la alegría.

El rey Gaspar ha depositado ya su regalo. Sus ojos verdes -no os he dicho antes que eran verdes- brillan fosforescentes; su nariz parece que baja más sobre la boca, y en los labios se dibuja con más profundidad su ironía vaga. Acercaos, pequeños amigos míos; yo os quiero decir lo que el rey Gaspar lleva en su caja. Sobre la tapa, con letras diminutas, pone: ILUSIONES.
 

REYES MAGOS.

LOS TRES REYES MAGOS. 
–RUBÉN DARíO-.
Yo Soy Gaspar, Aquí traigo el incienso
Vengo a decir: la vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!
Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe dios. Él es la luz del día.
¡La blanca flor tiene sus pies en lodo
Y en el placer hay la melancolía!
Yo soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la muerte.
Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, ya su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corana de la vida!

REYES MAGOS.

miércoles, 2 de enero de 2013

LADRÓN DE REALIDADES.




SOCIEDAD SIN ALMA.
EL ÉXITO SE CONSTRUYE DESDE EL INTERIOR. NO LLEGA POR ARTE DE MAGIA.
La sociedad actual empuja a la gente a la violencia como única afirmación de sí misma. El alma tiene su papel. La sociedad, hoy, ha dejado de creer en el alma. Ya no cree en Dios. Ya no cree en el Hombre. Ha abolido las mayúsculas, lo escribe todo en minúsculas, engendra la desesperación y la amargura en los débiles, las ganas de desertar de los demás. Impotentes e inquietos, se alejan los sensatos y los prudentes, dejando campo libre a los ávidos locos.

FELIZ AÑO 2013.


2012 se acaba. Un año que ha pasado con más pena que gloria, así que le decimos adiós sin ningún problema, tampoco con rencor. Ya está aquí: bienvenido 2013. Un año nuevo y 365 días por estrenar, por sentir, por vivir, por sonreír y por compartir.

 Ilustración Sonia Koch.
 
Respiro almendros en flor
y la luz de la mañana
que se llevan el dolor
el vacío y la desgana.
 
Y las ganas de morir
se arrinconan y se callan
ya que es sabio el corazón
y renace de la nada.
 
Despierto al nuevo día
y abro una página en blanco
el pasado, quedó atrás
el presente, está en mis manos.
Autora: Amaia Villa

LA MAÑANA DE REGALOS DE AÑO NUEVO.


Ilustración Beatriz Menendez Aldabe.
 
¡Qué hermosa mañana es está de los regalos!
cada cual, durante la noche, ha soñado ya en los suyos.
En algún sueño extraño en el que se veían juguetes,
Caramelos, vestidos de ror, joyas resplandecientes.
Aremolinarse y bailar una danza sonora,
Despertaban temprrano, se levantaban contentos,
Con los ojos anhelantes, se frotaban los ojos.
Iban, con los cabellos enmarañados,
Los ojos raciantes cual días de fiesta
Y los pies desnudos que acariciabban el suelo,
A llamar suavemente al cuarto de sus padres;
Entraban en camisón y se felicitaban...
¡Con besos repetidos y mucha alegría!
FELIZ AÑO NUEVO.
Poesia: Arthur Rimboud.

CUENTO PARA EL PRIMER DÍA DEL AÑO.


Ilustración Giedra Purlyté-Mazrimiene.
 
LA LLAVE DE ORO.
 
Erase una vez un pobre niño que vivía en una cabaña cerca del bosque. Un día de invierno glacial, salió a  buscar leña pese a la espesa nieve. Tras recoger y cargar la leña en su trineo, el pequeño tenía tanto frío que decidió encender un fuego para calentarse un poco. Escarbó un poco en la nieve y, cuando quedó al descubierto el suelo helado, se quedó sorprendido al encontrar una pequeña llave de oro.
- Si hay una llave -pensó- la cerradura debe de estar cerca.
Entonces quitó la tierra y descubrió un cofre metálico.
- ¡Ojalá ésta sea la llave! -pensó el muchacho-. Este cofre debe de encerrar algún tesoro.
Movió el objeto en todos sentidos y, al final, descubrió la cerradura: el agujero era tan pequeño que apenas se veía. La llave entró sin ningún problema. El muchacho la giró delicadamente y...
Ahora tendremos que esperar a que levante la tapa para saber, al igual que él, qué maravillosos tesoros esconde el cofre.

Así tendríamos que empezar este nuevo año, que los mejores pronosticos se cumplan con la misma ilusión que el niño al abrir su cofre.  FELIZ AÑO NUEVO!!!!!