Lo
invisible, arraigado en el frío,
y
madurando hacia esa luz
que
se disipa
en
todo cuanto
alumbra.
Nada tiene fin. La hora
vuelve
al comienzo
de
la hora en que respiramos: como si
nada
hubiera. Como si no pudiera ver
nada
que
no es lo que es.
En
el límite del verano
y
su calor: cielo azul, colina púrpura.
La
distancia que sobrevive.
Una
casa hecha de aire, y el flujo
del
aire en el aire.
Como
estas piedras
que
se deshacen contra la tierra.
Como
el sonido de mi voz
en
tu boca.
