viernes, 26 de mayo de 2017

AUTOBIOGRAFÍA DEL OJO.



 

Lo invisible, arraigado en el frío,
y madurando hacia esa luz
que se disipa
en todo cuanto
alumbra. Nada tiene fin. La hora
vuelve al comienzo
de la hora en que respiramos: como si
nada hubiera. Como si no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calor: cielo azul, colina púrpura.
La distancia que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen contra la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.

1 comentario:

  1. Me gustó mucho el poema
    Me alegra que lo compartas
    ¡un abrazo!

    ResponderEliminar