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domingo, 3 de julio de 2022

AUTORRETRATO.

Ilustración autor desconocido.
 
 
Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.
 
Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.
 
Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)
 
Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
 
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
—aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio—. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.
 
Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehúyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.
 
Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.
 
Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
 
Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana público en un periódico.
 
Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.
 
Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.
 
Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.
 
Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.
 
Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.
 
En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.
 
Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.
 

viernes, 7 de enero de 2022

VERSOS INSPIRADOS EN CARLOS ACOSTA.

 
Enrédane al terciopelo
de tus brazos
aunque muestres resistencia.
Enhébrame en el hilo
de tus manos
con ti lagodón de seda.
 
Saca mil agujas enlazadas a mi alma
y téjeme en tu pelo;
fabrícame en poliéster dos coartadas
para esconderme de mis miedos.
 
Hazme un abrigo
que me proteja por la calle
y un pijama de lino
que por  la noche me acompañe.

Plancha las arrugas de mis manos
y escribe en tu etiqueta "Delicado"
para que en la torpeza
de la centrifugación
de mis dudas
no encojan tus puntadas.
 

viernes, 17 de julio de 2020

135 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ROSALÍA DE CASTRO.

Rosalía de Castro fue una de las principales figuras de la literatura gallega y española del siglo XIX, y una defensora temprana de los derechos de las mujeres. Fue una feminista en la sombra, y en la actualidad, la sorprendería ver que hoy las mujeres son capaces de escribir, de tomar sus decisiones y de luchar por sus principios.


 Nació el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela y murió el 15 de julio de 1885 en Padrón. Es considerada como un ente indispensable en el panorama literario del siglo XIX, y representa una de las grandes figuras emblemáticas del resurgimiento gallego. Nació en una época en la que en España no estaba bien visto que las mujeres destacaran por sus dotes intelectuales. Parece que España olvidaba las palabras de Feijoo en las que hacía referencia a la inteligencia femenina.
Rosalía de Castro es el símbolo más representativo del pueblo gallego, puesto que en un momento en el que la literatura y la cultura gallega habían quedado olvidadas, ella luchó para que su pueblo recobrara la voz. En un momento había quedado reducida a un mero dialecto, despreciado y desprestigiado por la ideología centralista estatal, quiso defenderla y redescubrir su cultura, exaltarla.

Cuando Rosalía de Castro empezó a componer sus poemas, el movimiento romántico había perdido importancia y empezaba a extenderse el Realismo, por ello, con sus poesías el romanticismo volvió a cobrar relevancia entre los intelectuales de la época, sobre todo por el punto de vista que en él Rosalía ofrecía.

La palabra y la idea... Hay un abismo
entre ambas cosas, orador sublime.
Si es que supiste amar, di: cuando amaste,
¿no es verdad, no es verdad que enmudeciste?
Cuando has aborrecido, ¿no has guardado
silencioso la hiel de tus rencores
en lo más hondo y escondido y negro
que hallar puede en sí un hombre?

Un beso, una mirada,
suavísimo lenguaje de los cielos;
un puñal afilado, un golpe aleve,
expresivo lenguaje del infierno.
Mas la palabra en vano
cuando el odio o el amor llenan la vida,
al convulsivo labio balbuciente
se agolpa y precipita.
¡Qué ha de decir! Desventurada y muda,
de tan hondos, tan íntimos secretos,
la lengua humana, torpe, no traduce
el velado misterio.
Palpita el corazón enfermo y triste,
languidece el espíritu, he aquí todo;
después se rompe el frágil
vaso, y la esencia elévase a lo ignoto.

Alterna la prosa con el verso, hay dos temas dominantes, que en el fondo vienen a complementarse: el tema del amor desgraciado, surgido por la particular situación de su madre, y el tema de la denuncia social, donde muestra su solidaridad con la desgracia de los hombres del campo, con la pobreza de su pueblo y con su propia tristeza.
Con ella la tradición y la cultura popular volvieron a resurgir. Su poesía se caracteriza por su intimismo, por su pesimismo y a la vez, por su defensa de lo popular, de la cultura y la lengua gallega. Rosalía se sentía muy identificada con su tierra y por eso escribía sobre la pobreza gallega, y la penuria que suponía la emigración de los gallegos.

Este vaise y aquél vaise,
e todos,todos se van;
Galicia,sin homes quedas
que te poidan traballar.
Tés,en cambio,orfos e orfas
e campos de soledad,
e nais que non teñen fillos
e fillos que non ten pais.
E tés corazóns que sufren
longas ausencias mortás,
viudas de vivos e mortos
que ninguén consolará.


Su último libro de poemas escrito íntegramente en lengua castellana. Éste último se caracteriza por la notable intención social que se manifiesta en la denuncia que la autora hace de la marginación del sexo femenino, de los niños huérfanos. Sus últimos libros son de un evidente tono religioso.
Sus obras siempre tienen un punto reivindicativo donde predominan el costumbrismo, el amor, el intimismo y el patriotismo. Rosalía inunda de denuncia social toda su obra y enfoca el feminismo dentro de esa denuncia. Habla de educación y de vida intelectual igualitaria, defiende los derechos de la mujer y del pobre.

LOS ROBLES  (Fragmento)

 I

Allá en tiempos que fueron, y el alma
han llenado de santos recuerdos,
de mi tierra en los campos hermosos,
la riqueza del pobre era el fuego,
que al brillar de la choza en el fondo,
calentaba los rígidos miembros
por el frío y el hambre ateridos
del niño y del viejo.

De la hoguera sentados en torno,
en sus brazos la madre arrullaba
al infante robusto;
daba vuelta, afanosa la anciana
en sus dedos nudosos, al huso,
y al alegre fulgor de la llama,
ya la joven la harina cernía,
o ya desgranaba
con su mano callosa y pequeña,
del maíz las mazorcas doradas.

Y al amor del hogar calentándose
en invierno, la pobre familia
campesina, olvidaba la dura
condición de su suerte enemiga;
y el anciano y el niño, contentos
en su lecho de paja dormían,
como duerme el polluelo en su nido
cuando el ala materna le abriga.


Rosalía de Castro fue censurada, insultada y atacada por considerar que sus obras contenían fines ideológicos, y aún en la actualidad siguen existiendo colectivos que mantienen la misma opinión.