Muchos
te aman con labios y con dedos
Y
se van de tu lecho con la luna;
Muchos
te dan obsequios y otros dejan
En
los umbrales de tu puerta un sueño.
Yo,
que soy joven entre tus amantes
Vengo
como un acólito adorándote,
Refreno
mi pasión por cortesía,
Mi
corazón sin rezos ni palabras.
Las
velas del deseo están prendidas,
Te
inclino mi cabeza con temor,
Como
un mendigo que ansía tu limosna
Tímido
por aquello que le traen.
