Si abriera yo una tiendita,
adivina adivinanza,
¿sabéis lo que vendería?
Solo esperanza.
"¡La esperanza está barata!",
pregonaría a la gente,
y, por dos perras, daría
cuanta quisiera el cliente.
Y a los pobres que no tienen
ni para desayunar
les daría mi esperanza
toda entera y sin pagar.

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