Perdón, amigos míos,
si no fructificaron los árboles hogaño,
y llego hasta vosotros con el peor sustento.
Pero no soy avaro, sino pobre,
y baldíos están ya mis trigales.
Perdón, amigos míos, si la luz es escasa,
pues la única vela que he encontrado
en el bolsillo de mi abrigo
os la encendí a vosotros.
Aunque es vieja, y con lágrimas llamea.
Perdón, amigos míos, pero tengo
muy triste el corazón.
¿De dónde, pues, veniros,
con la alegre palabra?

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