Se
le ocurrió al caracol
pintar
su casa de cal
para
que le brille al sol.
No
le quedó nada mal.
De
día es como de sal,
como
de espuma y coral.
Y
a la tarde, de cristal
con
reflejos de arrebol.
De
noche es como un farol.
Ni
la luna brilla igual.
No
le quedó nada mal.
Pero
el pobre caracol,
comiendo
solo su col,
se
pone sentimental.
