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domingo, 10 de noviembre de 2024

LOS PAREDONES DE PRIMAVERA.


 
No enseñaré a mi hijo a trabajar la tierra
Ni a oler la espiga
Ni a cantar himnos.
Sabrá que no hay aromas cristalinos
 
Ni a oler la espiga
Ni a cantar himnos.
Sabrá que no hay aromas cristalinos
 
Ni agua clara que beber.
Su mundo será de aguaceros infernales
Y planicies oscuras.
 
De gritos y gemidos.
De sequedad en los ojos y la garganta.
De martirizados cuerpos que ya no podrán verlo ni oírlo.
Sabrá que no es bueno oír las voces de quienes exaltan el color del cielo
 
Lo llevaré a Hiroshima. A Seveso. A Dachau.
Su piel caerá pedazo a pedazo frente al horror
Y escuchará con pena el pájaro que canta.
 
La risa de los soldados
Los escuadrones de la muerte
Los paredones en primavera.
 
Tendrá la memoria que no tuvimos
Y creerá en la violencia
De los que no creen en nada.

viernes, 8 de diciembre de 2023

CARTA DESDE EL ZOCO DE LOS CESANTES.

 

Ilustración autor desconocido.

-Samih Al-Qassem-

 
Tal vez pierda, como pretendes, mi sustento.
Tal vez haya de poner a la venta mis ropas y mis muebles.
Tal vez tenga que trabajar como cantero,
como mozo de cuerda
o barrendero.
Tal vez sirva en los vertederos de las fábricas.
Tal vez por los corrales busque granos.
Tal vez vaya apagándome, famélico y desnudo.
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.
 
Tal vez me puedas arrancar hasta el último palmo de mis
tierras.
Tal vez mi mocedad alimente la cárcel.
Tal vez robes la herencia de mi abuelo: los muebles,
las vajillas,
y los cántaros.
Tal vez quemes mis versos y mis labios.
Tal vez mi carne arrojes a los perros.
Tal vez en nuestra aldea permanezcas
como una espantosa pesadilla.
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.
 
Tal vez apagues la antorcha de mi noche.
Tal vez me falte el beso de mi madre.
Tal vez insulte un niño, y una niña,
a mi pueblo y mi padre.
Tal vez mi historia la falsee un cobarde,
y transforma en arañas mis corderos.
Tal vez dejes privados a mis hijos de su traje y fiesta.
Tal vez a mis amigos les engañes con una rostro prestado.
Tal vez alces, rodeándome
muros, muros, y muros.
Y tal vez contra viles visiones crucifiques mis días.
 
¡Enemigo del sol!
Mas no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.
 
¡Enemigo del sol!
Los puertos se engalanan, y hay presagios de albricias,
albórbolas y fiestas,
clamores y bullicio,
heroicos himnos brillas en las gargantas.
Y allá, en el horizonte,
desafía una vela al viento y el oleaje,
atraviesa los riesgos.
Es la vuelta de Ulises
desde el Mar tenebroso.
Es la vuelta del sol, de mi hombre emigrado.
Y juro por los ojos de los dos
que no transigiré.
Que hasta el último pulso de mis venas,
resistiré.
¡Enemigo del sol!
¡Resistiré!
 

lunes, 30 de enero de 2023

NADIE ESTÁ SOLO.

 
 
En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.
 
 

viernes, 27 de mayo de 2022

HIMNO A LAS GLORIAS DEL PUEBLO EN GUERRA. TIERRAS OFENDIDAS.

 
 
Regiones sumergidas
en el interminable martirio, por el
                                     inacabable
silencio, pulsos
de abeja y roca exterminada,
tierra que en vez de trigo y trébol
traéis señal de sangre seca y crimen:
caudalosa Galicia, pura como la lluvia,
salada para siempre por las lágrimas:
Extremadura, en cuya orilla augusta
de cielo y aluminio, negro como agujero
de bala, traicionado y herido y destrozado,
Badajoz sin memoria, entre sus hijos muertos
yace mirando un cielo que recuerda:
Málaga arada por la muerte
y perseguida entre los precipicios
hasta que las enloquecidas madres
azotaban la piedra con sus recién nacidos.
Furor, vuelo de luto
y muerte y cólera,
hasta que ya las lágrimas y el duelo reunidos,
hasta que las palabras y el desmayo y la ira
no son sino un montón de huesos en un camino
y una piedra enterrada por el polvo.
 
Es tanto, tanta
tumba, tanto martirio, tanto
galope de bestias en la estrella!
Nada, ni la victoria
borrará el agujero terrible de la sangre:
nada, ni el mar, ni el paso
de arena y tiempo, ni el geranio ardiendo
sobre la sepultura.