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viernes, 8 de noviembre de 2019

EPITAFIO DE UN BOXEADOR.





Nosotros, sus agradecidos contrarios, erigimos esta
estatua a Apis, un boxeador considerado, que ni
cuando nos fajábamos nos hacía daño.
-Lucilius, Epitafio de un boxeador-

Pasaban las nubes de tormenta con su gorgojo tronador dentro; pasaban sobre el cementerio, agrio y cuaresmal de luz morada. Altos cipreses, hemiciclos mortuorios, taxis en la avenida, un fulgor diamantino en los lejos del sudoeste, urdimbres de coronas pudriéndose, colgado como trapos viejos de las ventanas de los muertos y de las cruces de los panteones.

Los acompañantes formaban un grupo friolero contemplando el trabajo de los enterradores. Eran pocos y se hablaban en voz baja.

Abrieron el ataúd antes de meterlo en el nicho. Las monjas del hospital no habían logrado cruzar piadosamente las manos del excampeón, que conservaba la guardia cambiada con el brazo derecho caído según su estilo. Eso le quedaba. Todo lo demás fue miseria hasta su muerte, y la Federación pagó el entierro.

Un periodista joven tuvo que ser reconvenido por su director. Había escrito: «Cuando abrieron la caja, el excampeón parecía totalmente K.O.».

Los muertos deben ser respetados, pero era un buen epitafio.

sábado, 9 de marzo de 2019

MONOPATÍN -Skate-.




 
-Juan-

El sonido de las ruedas contra el asfalto,
el rumor de su giro si me desplazo,
el crujido de la tabla bajo mi peso,
la sensación del viento contra mi cuerpo.
Sentir la lija bajo mis pies, la brisa sobre mi piel,
alguien se gira a mi paso, me pregunto porque,
no le gustará lo que hago, o quisiera hacerlo también.
Gastar sus energías, como yo gasto las mías,
intentando superarse, como yo lo intento cada día.
Pues las gotas de sudor significan mi esfuerzo,
el mismo que me empuja a mi afán de superación
el que cuando lo consigo se torna de satisfacción.
Pero hay algo que me temo, por poder cambiar mi vida,
algo que se esconde, detrás de cada caída.
No es el miedo al dolor, ni a las risas
sino al dejar de sentir sobre mi piel esa brisa,
el caer y no poderme alzar, no por voluntad,
sino por azar, por una circunstancia fatal,
que me obligue a abandonar las ruedas, a andar.
Pues el skate es mi pasión, mi grito de libertad,
es mi humilde manera de volar.