Mostrando entradas con la etiqueta Efrén Rebolledo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Efrén Rebolledo. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de marzo de 2018

TÚ NO SABES LO QUE ES SER ESCLAVO.



 



Tú no sabes lo que es ser esclavo

De un amor imperioso y ardiente,

Y llevar un afán como un clavo,

Como un clavo metido en la frente.



Tú no sabes lo que es la codicia

De morder en la boca anhelada,

Resbalando su inquieta caricia

Por contornos de carne nevada.



Tú no sabes los males sufridos

Por quien lucha rendido y que ruega,

Y que tiene los brazos tendidos

Hacia un cuerpo que nunca se entrega.



Y no sabes lo que es el despecho

De pensar en tus formas divinas

Revolviéndose solo en su lecho

Que el insomnio ha sembrado de espinas.

viernes, 3 de noviembre de 2017

HACIA EL IDEAL. (Fragmento V)



 

Me asomé a tus pupilas, donde nada
El húmedo esplendor de las turquesas,
Y una nube preñada de promesas
Obscureció el cristal de tu mirada.

Sonreía tu boca, más rosada,
Más dulce que la pulpa de las fresas,
Y entumidas y torpes de estar presas
Mis ansias escapáronse en parvadas.

Ocultando a mi vista su misterio,
Despedía su lúbrico sahumerio
Tu carne, satinada como el raso,
Y cuando al fin miré tus perfecciones,
Combándose mí anhelo como un vaso
Recibió la primicia de tus dones.

domingo, 17 de septiembre de 2017

SANTA TERESA





 

El misticismo de la celda: brilla
En la sombra el reflejo de la lámpara,
Oscilando como una moribunda
Pupila que se estrecha y se dilata.
Qué tristeza en la llama que agoniza,
Qué blancas las paredes de la estancia,
Qué implacable silencio de sepulcro
En la indecisa claridad. La Santa
Reposa sobre el lecho inmaculado,
El lecho que se eleva como un ara
En uno de los ángulos sombríos;
Por su frente que han hecho mustia y pálida
Tanta meditación y tanto ayuno
Corre el sudor en transparentes lágrimas;
Sus ojos siempre abiertos por el éxtasis
Se entornan abatiendo sus pestañas;
En sus labios enjutos y apacibles
Perfumados con mirras de plegarias
Se despiertan los besos voluptuosos,
Y sus brazos, más blancos que las sábanas,
Queriendo rodear algo invisible,
Se retuercen, se agitan y se enlazan.
Sueña: sueña que el Cristo macilento,
El cuerpo exangüe y celestial que ama,
Sonríe tras su mueca de amargura,
Que sus frescas heridas se restañan
Y sus lívidos miembros se coloran
Y se cierran las bocas de sus llagas;
Sueña que su mirada se ilumina
Y del madero ignominioso baja
Más radiante que un ángel y más bello
Al lecho que se eleva como un ara,
Y que mezclan y juntan sus alientos
Y que sus cuerpos vírgenes se enlazan,
Y que en un beso trémulo y sonoro
Se confunden sus bocas invioladas.