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viernes, 12 de enero de 2024

ESTA MAÑANA HAS PASADO.

 

Esta mañana has pasado.
Ibas.
A esas horas tan tempranas sólo podías ir.
A dónde.
Desde mi pequeña celda de cristal -yo la llamo así cuando juego a ser poeta-, he olido que hoy tus cabellos limpios llevaban un poco de la cebada de aquellos campos que corrí de niño, y también una pizca del tomillo que perfumaba los alrededores del pueblo en donde crecí pudiendo ver lo que hoy ya no veo. He olido también tu piel de mar, serena y revuelta, profunda y de orillas. Una piel de olas blancas y suaves, en las que cada mañana me baño espumoso, mientras te adivino disfrutando de tu hermoso reflejo en el escaparate de la tienda que queda al lado de mi kiosco.
Y he oído los vuelos de tu ropa jugar con el viento. Como tu falda, plegada en un acordeón de verbena nocturna, de baile de plaza y de talle ceñido, punteaba notas que me han devuelto al joven aquél que un día tuvo ojos claros de brillo verde. Y como el fular anudado a tu cuello se convertía en guirnalda traviesa y banderola inquieta. Y como el paso firme del tacón de tus botas componía esa percusión que suple al timbal de mis latidos, cada vez que mi corazón se detiene tras rozar tu mano al darte el cambio, las pocas veces que decides detenerte y comprarme un cupón.
Esta tarde volverás a pasar.
Regresarás.
A estas horas tan atardecidas sólo puedes regresar.
De dónde.
 
AUTOR: Raúl Ariza.

viernes, 29 de septiembre de 2023

LA HABITACIÓN AZUL.

 

Ilustración Alejandra Caballero.

 LA HABITACIÓN NACIÓ PENSADA DE ESTE COLOR.
Alguien, en su inmensa sabiduría, debió de imaginarla así en un tiempo imposible, anterior o por llegar, y desde un lugar que al buen seguro no existe.
 
Todo en ella respira azul. De azul suave, casi transparente, son los visillos que filtran una luz vespertina que sin duda anuncia lluvia. Son azules la colcha que reposa en el suelo, y las sábanas sudorosas que se enredan entre los sueños fatigados de la mujer.
 
 De predominante azul son casi todos los cachivaches y recuerdos que ha ido acumulando desde que de niña vio por primera vez reflejados sus ojos en el espejo grande del armario de su madre, también sola. El marco de una foto en la que se la ve con trenzas y vistiendo de colores marineros. El jarrón de cristal teselado que reposa en el alféizar de la ventana y que se trajo de Ibiza en su único viaje en pareja. La lámpara de pie que compró para aquel rincón de aquella casa que nunca llegó habitar. y el tapizado del sillón de orejas que restauró cuando decidió irse a vivir con aquel tipo, al que más tarde descubrió compartiendo esas mismas intenciones pero con una mujer de ojos ligeramente lapislazulados.
 
Ella es rubia, de mejillas sonrosadas y tan dulce como tímida. Y le encantaría tener los ojos azules infinitos, y del color de la tierra húmeda.
 
Acaba de masturbarse en esta tarde de domingo tediosa y calma. Todavía le tiemblan los muslos empapados. Tendida en ese colchón demasiado ancho, mira absorta cómo unas cuantas nubes estivales van invadiendo de un amenazante azul oscuro su ventana. A su lado, un libro de relatos de tacto áspero y tono cáustico cuya lectura no le hace ningún bien, uno de sus varios consoladores, y un vacío por llenar.
Se ve un relámpago y luego se escucha un espantoso trueno.