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sábado, 4 de marzo de 2023

LA BAILARINA.

 
 
    La bailarina ahora está danzando
la danza del perder cuanto tenía.
Deja caer todo lo que ella había,
padres y hermanos, huertos y campiñas,
el rumor de su río, los caminos,
el cuento de su hogar, su propio rostro
y su nombre, y los juegos de su infancia
como quien deja todo lo que tuvo
caer de cuello y de seno y de alma.
 
    En el filo del día y el solsticio
baila riendo su cabal despojo.
Lo que avientan sus brazos es el mundo
que ama y detesta, que sonríe y mata,
la tierra puesta a vendimia de sangre,
la noche de los hartos que ni duermen
y la dentera del que no ha posada.
 
    Sin nombre, raza ni credo, desnuda
de todo y de sí misma, da su entrega,
hermosa y pura, de pies voladores.
Sacudida como árbol y en el centro
de la tornada, vuelta testimonio.
 
    No está danzando el vuelo de albatroses
salpicados de sal y juegos de olas;
tampoco el alzamiento y la derrota
de los cañaverales fustigados.
Tampoco el viento agitador de velas,
ni la sonrisa de las altas hierbas.
 
    El nombre no le den de su bautismo.
Se soltó de su casta y de su carne
sumió la canturia de su sangre
y la balada de su adolescencia.
 
    Sin saberlo le echamos nuestras vidas
como una roja veste envenenada
y baila así mordida de serpientes
que alácritas y libres le repechan
y la dejan caer en estandarte
vencido o en guirnalda hecha pedazos.
 
    Sonámbula, mudada en lo que odia,
sigue danzando sin saberse ajena
sus muecas aventando y recogiendo
jadeadora de nuestro jadeo,
cortando el aire que no la refresca
única y torbellino, vil y pura.
 
    Somos nosotros su jadeado pecho,
su palidez exangüe, el loco grito
tirado hacia el poniente y el levante
la roja calentura de sus venas,
el olvido del Dios de sus infancias.
 

domingo, 4 de diciembre de 2022

LA BAILARINA.

Ilustración autor desconocido.
 
-Cecília Meireles-
 
Esta
pequeña niña
quiere ser bailarina.
No sabe ni do ni d
pero sabe ponerse de puntillas.
 
No sabe ni mi ni fá
Pero inclina su cuerpo de esta manera y eso
 
No sabe ni allí ni a sí mismo,
pero cierra los ojos y sonríe.
 
Redonda, redonda, redonda, con los brazos en el aire
y no se marea ni se mueve.
 
Se pone una estrella y un velo en el pelo
y dice que cayó del cielo.
 
Esta
pequeña niña
quiere ser bailarina.
 
Pero luego se olvida de todo el baile
y también quiere dormir como los otros niños.
 

sábado, 12 de noviembre de 2022

DAME LA MANO.

 
 
Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...
 
El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.
 
Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...
 
 

viernes, 7 de enero de 2022

VERSOS INSPIRADOS EN CARLOS ACOSTA.

 
Enrédane al terciopelo
de tus brazos
aunque muestres resistencia.
Enhébrame en el hilo
de tus manos
con ti lagodón de seda.
 
Saca mil agujas enlazadas a mi alma
y téjeme en tu pelo;
fabrícame en poliéster dos coartadas
para esconderme de mis miedos.
 
Hazme un abrigo
que me proteja por la calle
y un pijama de lino
que por  la noche me acompañe.

Plancha las arrugas de mis manos
y escribe en tu etiqueta "Delicado"
para que en la torpeza
de la centrifugación
de mis dudas
no encojan tus puntadas.
 

domingo, 13 de junio de 2021

PALABRA.

 

Palabra
hecha de nada

Rama
en el aire vacío

Ala
sin pájaro

Vuelo
sin ala

Órbita
de que centro desnudo
de toda imagen

Luz
donde aún no forma
su innumerable rostro lo visible
 

viernes, 26 de junio de 2020

EL ÁNGEL Y EL VAMPIRO.






Pasé la vida entre vampiros y ángeles,



libando con paciencia los unos mi energía,



los otros trasvolando mis días más sentidos.



Todos los trances de luz fueron suyos:



al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.



Al sol como en la sombra estuve ciego



y en el tránsito hacia el cenit, perdido.



Confundí las alas blancas con las capas negras.



Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.



Siempre acudí a la cita con lo eterno.



Cada vez que llamó, me encontraba.



Unas veces hermoso y otras veces oscuro,



el timbre de su voz me subyugaba,



la miel de su sonrisa me encendía,



y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro



y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.