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domingo, 4 de septiembre de 2022

Ilustración tumba del S. V a. C. en Paestum.
 
 
Igual que el tiempo, el aire
abre en la arena a veces surcos indescifrables.
Vibra lejos la tarde y en un rincón oscuro
se apaga mudo el tiempo, pero arde la memoria
y la luz flota entonces igual que el nadador,
sin peso y sin minutos.
Como último profeta de un tiempo que ya ha muerto
en la materia oscura de un corazón sin fondo,
el nadador sublime se detiene en su salto
y flota en el vacío, en su eterna caída.
Cae derecho a su tumba, a las aguas que van
al reino de los muertos,
y abre el profundo espacio
de la tarde sin fin, de la noche sin fondo.
Y permanece inmóvil en el aire intermedio
de la vida a la muerte parada de las olas,
en el aire sin tiempo circular que transcurre
de una tierra de nadie a una tumba sin nombre.
Es el día sin tamaño, el paisaje sin ecos
que flota envuelto en niebla,
contra la espalda lenta de la tarde.
Y cae sobre la arena
el martillo incansable de la lluvia.
 

domingo, 1 de noviembre de 2020

UNA SEÑAL OSCURA.



Se notaba en algunos presagios desolados,

en ciertas madrugadas

que la luz invadía con su guadaña blanca

por sorpresa, como arden los campos enemigos,

con cuchillas de fuego y tizones de acero.



Se sabía que una tarde caliente sonarían

las campanas de muerte y el miedo a los olivos

en la noche sin sueño, ni amanecer ni luna,

que bajaría la sangre por las calles en cuesta

como un río sin canciones ni desembocadura.



Se sabía que el silencio sería la voz del pánico,

otra forma de muerte, otro modo del miedo:

el idioma común del muerto y los mortales

y una antigua costumbre de días sin cosecha.



Y la memoria intacta

mandaba con temblor de hoja en otoño,

con números ofidios,

una señal oscura y un soplo de aire helado.