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domingo, 6 de marzo de 2022

LA TARDE.

 
 
 
Sólo cuando se es hombre se sabe qué es la vida. 
Sólo si se ha cumplido con la edad 
se sabe lo que empieza y lo que acaba. 
Se sabe que el vacío que nos queda 
es el hermoso todo que tuvimos: 
como un bosque inmolado. 
Donde el azul del cielo sólo encuentra 
ancho campo abismal.
Ya nada obstruye 
el palpitar de un ala poderosa. 
Ya las paredes todas se evadieron 
y estamos al desnudo, como un cuerpo, 
paradisíacamente.
Es el retorno
tras haber agotado a la serpiente. 
 
Tras haberla dejado de escuchar. 
Es el retorno fiel a la ignorancia.
 

sábado, 4 de julio de 2020

ALICATADO PARA UNA TARDE DE VERANO.


 

Para traspasar las hojas,
la luz se pone de lado.
Se despereza el aroma
y hay un sopor que, despacio,
deshilachan las zumbonas
avispas del emparrado.
La paz del jardín se esparce
por el brillo del acanto
y la tarde se inaugura
al regarse el empedrado.

Hay rincones invisibles
con amores encalados
y persianas donde crece
la penumbra del verano.
El mirador se remira
en los reflejos más altos.
Alguna risa que llega
por el silencio rampando
y el agua, dueña y señora
por fuentes y por regatos.

El aire tiene un desgaire
de mimbre desangelado.
El arrayán cuadricula
la dicha de estar mirando.
Desde los poyetes, rastras
en macetas de geráneos
cuelgan hasta el arriate
buscando su olor mojado.
El silencio se despierta
picoteado de pájaros.

Las glicinias se retuercen
sobre sus pomos morados
y son de azulejo y frío
los zócalos y los bancos.
El chirrido del portón
anuncia el rito diario.
Las sillas, de recia anea.
El vino, de mano en mano.
La amistad, como beberse
la tarde de un solo trago.

domingo, 24 de noviembre de 2019

AYER VENDRÁ.




 

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.

domingo, 13 de diciembre de 2015

SUENA A TARDE.



 



Hay ventanas altas a la tarde,

calles vacías, ruido de tranvías.

Dura poco la luz y, por lo mismo,

nos asomamos a ella como a un pozo

que nos sirva de espejo.

Ladra un perro que espera la correa

para ir a ser libre bajo mando

y los niños, que sueñan con patines,

deslizan su dedo por el borde del mar.

Es la tarde y la ola de nata

trae el sonido del verano en Lisboa

cuando el tiempo corría

en la voz traqueteante del tranvía

del sol.