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sábado, 31 de octubre de 2020

LOS VIVOS Y LOS MUERTOS.


 

Sé que lejos, detrás de aquellas nubes,
lucirá un sol que aquí parece estaño,
desgastada moneda. Con los años
se ha vuelto el mundo gris y cuanto tuve...

Qué fue de todo aquello y qué de mí.
Los vivos no acompañan y los muertos
con sus hilos de llamas son más ciertos
que la gente que pasa por aquí.

He cerrado los ojos, muerte hermana,
para entender qué dices a mi lado,
que todo lo que miro se ha empañado.

Siento mi mano fría... Es que me llevas
de tu mano al sacarme de esta cueva
y alcanzo con mis muertos la mañana.

sábado, 27 de junio de 2020

ÁRBOL.




 

Cuando yo era un arbusto, el aire
me soplaba al oído canciones de muy lejos.
Me rozaba la frente.
Yo estaba allí, en el bosque, entre padres y abuelos
de alturas formidables, con sus ramas nudosas
acariciando el sol, bebiéndolo a hojas llenas.
Una nube pasaba.
Un pájaro ponía el corazón en la garganta.
Pasaban niñas, y reían.
Pasaban mariposas y eran oro.
De pronto fui un árbol. Qué verde gravedad
de savia entre las hojas que, en el aire, temblaban o reían
con los ojos de un hombre enamorado.
No muy lejos oí pasos de hierro, gritos,
voces de pedernal en el filo de un labio.
Y se alzó el brillo agrio de un hacha en mano fuerte.
La savia, acostumbrada a vivir en mi adentro,
vio el sol y desmayó. Yo desmayé, caído.
Me arrancaron del suelo, me talaron las ramas,
menos dos, las más grandes. Me quemaron la copa
de hojas transparentes, hijas del arco iris.
Me arrastraron a voces hasta un monte pelado.
Había gente. Olía a sangre, y un perrillo
pasaba entre las túnicas severas
de unos hombres hirsutos con ojos imposibles.
Luego, en lo poco que de mí quedaba,
clavaron -yerro y sangre-
lo poco que quedaba de aquel hombre.

sábado, 11 de abril de 2020

OTRO ABRIL.




No volverán —por más que en mi recuerdo
aún broten, de oro y polvo, tan menudas—
las flores a las hojas
anchas del nisporero. En un rincón, a solas,
junto al muro encalado, con su música rubia
de abejas que del polen hicieron blanca cera.
Se consumió esa vela y, con ellas, mis ojos.
Y por más que ahora miro, dónde aquel cuerpo blanco,
y dónde aquel rumor que se llevó una nube.