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sábado, 20 de julio de 2024

EL LAMENTO DEL VAMPIRO.

 
Ilustración autor desconocido.


Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle se apila, sois
para mí alimento
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.


viernes, 5 de mayo de 2023

TÚ Y LAS LENTEJAS.

 
-María Beneyto-
 
Las guisabas con mimo, las amabas,
porque tenían que ponernos fuerza
en la sangre. Su hierro lo querías
para así apuntalarnos y que entonces
pudiéramos erguir algo de vida.
 
Hasta laurel llevabas, todo aroma,
a la gran reunión, a la asamblea.
 
El fuego, buen amigo de tus manos,
obediente y pequeño, le embestía
a tu otra amiga, su enemiga, el agua.
 
Era tu guerra chica interminable
en el frente que urdías con el rito
diario, de enfrentar dos elementos
a combatir furiosos por nosotros.
Era aquella tu España diminuta.
 
Las lentejas cocían tu esperanza,
nuestro futuro tierno, nuestra historia.
Erguían estatura al aire, daban
voracidad de dientes, daban rabia
de paladar. Y alegría de estar vivos.
 
Lentejas con laurel y lo que hubiera.
Crecíamos. El humo y el aroma
venían de tus manos, hueso ahora,
madres del hueso articulado mío.

viernes, 18 de noviembre de 2022

LA PASTELERÍA.

 

Todos los días, a las cinco en punto abría la pequeña puerta que daba al costado de la calle.

Todos los días, a las cinco pasadas encendía el horno y comenzaba su trabajo. La pastelería no abría hasta las ocho treinta, pero el maestro pastelero debía amasar y preparar sus dulces para que estuviesen tibios y humeantes para sus primeros clientes. Se servía un té, que indefectiblemente se enfriaba en el fragor de su tarea, pero que tomaba igual al cabo de unas horas.

 
Y allí comenzaba la magia, luego de las cinco, todo era posible.
 
Una tosca masa de levadura, se transformaba en un almohadón suave, redondo y tibio. El chocolate tomaba formas inesperadas. Las medialunas se tomaban de las manos y hermosamente estibadas, esperaban en forma ordenada a ser introducidas en el horno, no sin antes darse un tibio baño de almíbar.
 
Los muffins eran cobijados por decorados pirotines y abrigados por una crema que los cubría y que además los vestía de gala con granas de todos colores. Pasadas las cinco, la magia comenzaba y la soledad ya no se sentía.
 
El maestro pastelero no tenía familia, pocos amigos, pero sí muchos clientes.
 
Era viudo y no había tenido hijos. Daba entonces a sus cremas, pasteles y panes un trato que iba mucho más allá de colocarlos en el horno y prepararlos con dedicación. La pastelería era su vida. La decoraba, la limpiaba y ordenaba.
 
Pasaba noches enteras pensando nuevas recetas o alguna innovación en las ya consagradas. Moños y envoltorios que diesen la terminación que cada pequeña obra de arte merecía. Cierto día, se dio cuenta que eran las seis y no había encendido el horno “¡Caramba qué descuido!” pensó, pero al día siguiente notó que el fino trazo de la manga, ya no era tan exacto y preciso como siempre. A la semana siguiente, olvidó los muffins en el horno y comenzó a preocuparse.
 
Pero no fue hasta una mañana en que se quedó dormido y no abrió la pequeña puerta que daba al costado de la calle a la cinco en punto, en que se dio cuenta lo que ocurría. Estaba cansando y se sentía viejo. Su amor por ese negocio que había convertido en su vida misma, no había mermado en absoluto, pero si sus fuerzas.
 
Era hora de comenzar a delegar.
 
Era tiempo de enseñar el oficio a otras manos jóvenes y ágiles que pudieran continuar con su tarea. No quería, no podía. Dejar sus masas en manos de otra persona era algo impensado. Permitir que otros ayudasen a que las medialunas se tomasen de la mano y brillasen como reinas, no era algo que el maestro pastelero se hubiese planteado jamás.
 
Pero el tiempo no consulta nuestra voluntad y muchas veces -no todas- decide por nosotros. Pensó en cerrar la pastelería, pero aquello era igual a morir en vida y no estaba dispuesto a morir, no todavía.
Fue entonces, cuando colocó en la vidriera un cartel que decía “Se necesita aprendiz”.
 
No le gustó como quedaba en medio de los budines y bombones. Le pareció que ese cartel era un intruso en la intimidad de esa vidriera que sólo él armaba con un infinito amor. No iba a ser sencillo encontrar al joven que pudiese aprender todo lo que él sabía, pero más difícil aún, sería encontrar a alguien que le diese el mismo sentido, la misma dedicación y el mismo amor que él daba a cada producto manufacturado.
 
“No tiene buen pulso”, pensó del primero. “Sus manos son ásperas, no amasará con delicadeza”, pensó del segundo. “Es ansioso, sacará las cosas del horno antes de tiempo”, dijo del tercero y con el último muchacho se quedó. No fueron sus manos, ni su pulso lo que lo hizo tomar la decisión, sino su mirada. El joven miraba la pastelería con un dejo de éxtasis y fascinación. Observaba los panes y los bombones como a obras de arte y tomó un muffin con la misma delicadeza con que se toma a un recién nacido en brazos. “Es él” se dijo.
 
Pasadas las cinco del día siguiente comenzó el entrenamiento.
 
A las cinco en punto del otro día abrieron juntos la pequeña puerta y a las ocho treinta levantaron ambos la persiana de ese mundo de levadura y azúcar que hacía un poco menos dolorosa la vida de muchos.
 
En ese pequeño gesto de levantar la persiana junto al joven, el pastelero se dio cuenta que había sido acertada la decisión de tener un ayudante. No había querido aceptar, hasta ese día, que ya le costaba mucho levantarla solo. Las persianas suelen ser como la vida, con los años, se ponen más pesadas o mejor dicho, se va teniendo menos fuerza y se hace más necesario otras manos que nos ayuden.
 
El joven aprendía con una velocidad impresionante y no sólo eso, con el tiempo, comenzó a crear sus propias recetas.
 
Sólo unas pocas correcciones debía hacerle el pastelero muy de vez en cuando.
 
    – Haz repetido grana del mismo color en este muffin.
 
    – Recuerda que la manga es como ciertas personas, necesita firmeza para ir derecho por la vida.
 
    – Debes cuidar el baño María, al chocolate hay que tratarlo con dulzura y tranquilidad, como a las personas irascibles.
 
Una mañana el pastelero se quedó muy dormido y salió apresurado de su casa, ya no podría abrir la pastelería en punto. Llegando a la calle donde estaba su negocio, el aroma le indicó que el joven había estado a las cinco en punto, que el horno había sido encendido a las cinco pasadas y que todo había estado en orden a las ocho treinta cuando la persiana debió haberse levantado. Un té tibio lo estaba esperando y respiró tranquilo.
 
El tiempo fue pasando y el joven se convirtió en un experto.
 
No sólo era un buen alumno, sino que tenía eso que hay que tener muy dentro de uno para que las cosas salgan bien, amor mucho amor y orgullo. El tiempo fue pasando y el joven dejó de ser tan joven y el maestro pastelero dejó de sentirse viejo para ser viejo.
 
Y como en uno de esos trueques que la vida nos ofrece, los roles se intercambiaron. Ahora era el muchacho quien corregía con infinito respeto el pulso tembloroso del maestro, quien recordaba la hora en que el horno debía prenderse y el tiempo de levado de cada pieza. A las cinco en punto, el muchacho abría la pequeña puerta del costado de la calle, pasadas las cinco encendía el horno y ocho y treinta levantaba la persiana y el maestro lo acompañaba en esos rituales que tan suyos habían sido.
 
Un día el maestro enfermó y ya no pudo levantarse.
 
Ya no le molestaba morir. Lo que había sido su vida entera, no moriría con él, había un joven que seguiría dándole sentido a ese mundo que con tanto amor, él había construido.
 
Tranquilo y feliz, como quien deja el más hermoso legado en las manos de un hijo, el maestro murió.
 
Y como el más respetuoso y amoroso de los homenajes, a las cinco en punto del día siguiente, el joven abrió la pequeña puerta del costado de la calle, pasadas las cinco encendió el horno y a las ocho y treinta subió la persiana de la pastelería. Se sirvió un té, que también dejaría enfriar, y comenzó a trabajar.
 

martes, 1 de noviembre de 2022

POEMA DE TOTS SANTS.

 
 
L'aire porta olor de festa
Pels qui venen i se'n van
El vent fa volar les fulles
Fulles del temps de Tots Sants
 
Pel carrer es torren castanyes
A les mans es porten guants
Al mercat ja hi ha magranes
Les magranes de Tots Sants
 
Ara és temps de confitures
De moniato i massapans,
Codonyat i llepolies,
Llepolies de Tots Sants
 
Animetes estimades,
Emocions en un sol ram
De flors aviat marcides
Flors marcides de Tots Sants
 

viernes, 22 de noviembre de 2019

ODA AL PAN.






Pan,
con harina,
agua
y fuego
te levantas.
espeso y leve,
recostado y redondo,
repites el vientre
de la madre,
equinoccial
germinación
terrestre.
Pan,
qué fácil
y qué profundo eres:
en la bandeja blanca
de la panadería
se alargan tus hileras
como utensilios, platos
o papeles,
y de pronto,
la ola
de la vida,
la conjunción del germen
y del fuego,
creces, creces
de pronto
como
cintura, boca, senos,
colinas de la tierra,
vidas,
sube el calor, te inunda
la plenitud, el viento
de la fecundidad,
y entonces
se inmoviliza tu color de oro,
y cuando se preñaron
tus pequeños vientres,
la cicatriz morena
dejó su quemadura
en todo tu dorado
sistema de hemisferios.
Ahora,
intacto,
eres
acción de hombre,
milagro repetido,
voluntad de la vida.
Oh pan de cada boca,
no
te imploraremos,
los hombres
no somos
mendigos
de vagos dioses
o de ángeles oscuros:
del mar y de la tierra
haremos pan,
plantaremos de trigo
la tierra y los planetas,
el pan de cada boca,
de cada hombre,
en cada día,
llegará porque fuimos
a sembrarlo
y a hacerlo,
no para un hombre sino
para todos,
el pan, el pan
para todos los pueblos
y con él lo que tiene
forma y sabor de pan
repartiremos:
la tierra,
la belleza,
el amor,
todo eso
tiene sabor de pan,
forma de pan,
germinación de harina,
todo
nació para ser compartido,
para ser entregado,
para multiplicarse.
Por eso, pan,
si huyes
de la casa del hombre,
si te ocultan,
te niegan,
si el avaro
te prostituye,
si el rico
te acapara,
si el trigo
no busca surco y tierra,
pan,
no rezaremos,
pan,
no mendigaremos,
lucharemos por ti con otros hombres,
con todos los hambrientos,
por todos los ríos y el aire
iremos a buscarte,
toda la tierra la repartiremos
para que tú germines,
y con nosotros
avanzará la tierra:
el agua, el fuego, el hombre
lucharán con nosotros.
iremos coronados
con espigas,
conquistando
tierra y pan para todos,
y entonces
también la vida
tendrá forma de pan,
será simple y profunda,
innumerable y pura.
Todos los seres
tendrán derecho
a la tierra y a la vida,
y así será el pan de mañana,
el pan de cada boca,
sagrado,
consagrado,
porque será el producto
de la más larga y dura
lucha humana.
No tiene alas
la victoria terrestre:
tiene pan en sus hombros,
y vuela valerosa
liberando la tierra
como una panadera
conducida en el viento.