Katharina Volckmer se estrena en el panorama
literario con “La cita”, un monólogo
en clave de humor negro y políticamente incorrecto.
Si la cubierta de este libro es irreverente el discurso de la protagonista también lo es.
La
protagonista de “La cita” cuenta, con un sentido irónico, acentuado una serie
de problemas con un testimonio denso, impacte y a ratos lírico.
El
argumento de la novela comienza directamente y sin preámbulos en la consulta de
un doctor. Su paciente es la narradora de esta historia, de la que nunca
sabremos su nombre. En un principio, se podría inducir a que penséis que la
especialidad del doctor es la psicología, ya que la protagonista se desahoga en
un batiburrillo de ideas, conceptos y sentimientos, contados de forma casi
hilarante y desordenada.
En
este monólogo en el que el doctor no se manifiesta en ningún momento, la protagonista
habla del placer sexual y de los sueños eróticos. Según ella, tiene una gran
obsesión con Hitler y es habitual que tenga extraños sueños con él, ridiculizando
su figura y su sexualidad.
La
autora no deja títere con cabeza a la hora de criticar un mundo al que se ha
llegado a fuerza de resolver conflictos incluso con la propia identidad sexual,
como la familia, la maternidad, el machismo, los roles de género, la sexualidad
y el feminismo, otras podrían parecernos superadas, algunas de ellas siguen
condicionando la identidad alemana después de 75 años de la finalización de la
II Guerra Mundial –se podría trazar un paralelismo con la Guerra Civil
española-.
La
novela toma aires surrealistas cuando el lector intenta desentrañar si
realmente todo lo que está ocurriendo pasa en una consulta médica. Completamente
absorbente, su voz incisiva y vibrante, sorprende y anima al lector en cada
página. O como comienza a sugerir el personaje en el segundo tramo de la novela,
no es otra cosa que temores, ordenados y organizados en forma comprensible,
pesimista y deliberada.
En
su dura batalla contra límites morales y tabúes.
En
“La cita”, Katharina Volckmer retrata
a una joven que realiza un mordaz ajuste de cuentas consigo misma en
circunstancias muy particulares con un texto de lectura trepidante que no deja
a nadie indiferente.
Y
para ello, la autora alemana, busca provocar con las palabras elegidas más allá
del mensaje de su obra. Su ingenio es tan brillante y cruel que parece
sobrevolar cualquier época.
Es
una suerte de voz de la conciencia enfadada con el mundo. En lo referente al
soliloquio de la protagonista es ágil,
mordaz, divertido, irreverente, crudo, revelador. El texto está narrado con un
lenguaje descarado, educadamente incorrecto y sin pelos en la lengua.
Es
muy interesante cómo la escritora analiza el lenguaje para entender la historia
y herencia de las circunstancias que la rodean.
Incómodo.
Un espejo al que enfrentarnos sin filtros a nuestros defectos, como individuos
y como sociedad.
La
protagonista, solo hay un personaje en toda novela, no tiene nombre, ni
siquiera encontraréis el de su pareja, siempre aparece como K, tan solo el
doctor que atiende a la protagonista tiene nombre y judío para más señas.
El
personaje es carismático, con fuerza, puedes visualizarla, se la podría
clasificar que tiene dificultades para afrontar la vida. E incluso muchos
pensaréis que manifiesta ciertos trastornos. Katharina, con gran maestría, se
adentra en el alma de la protagonista para ofrecer todos sus pesares y retrata
a una joven que realiza un mordaz ajuste de cuentas con la herencia recibida,
con su género y consigo misma. Se desnuda ante vosotros sincera y desafiante.
Nos enfrenta con una mirada cuanto menos curiosa a lo que implica ser mujer.
Todo
el libro transcurre en la tensión de lo que parece ser una confesión, lo cual
hace que la amargura que trasluce por momentos el personaje, aumente en el
ámbito de lo personal, de lo doloroso y lo extraño.
