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lunes, 4 de enero de 2021

LA BUENA SUERTE. Rosa Montero.

Que Rosa Montero es una autora capaz de reinventarse una y mil veces en cada nueva novela, no es ningún secreto, para aquellos que seguimos con interés sus letras. Hoy os hablo de su última publicación: “La buena suerte”.
 
SINOPSIS:
¿Qué impulsa a un hombre a bajarse anticipadamente de un tren y ocultarse en un pueblo de mala muerte? ¿Quiere recomenzar su vida o pretende acabar con ella? Tal vez esté huyendo de alguien, o de algo, o incluso de sí mismo, y el destino le ha traído a Pozonegro, un antiguo centro hullero que ahora agoniza. Por delante de su casa pasan trenes que pueden ser salvación o condena, mientras los perseguidores estrechan el cerco. La perdición parece estar más próxima cada día.

Pero este hombre, Pablo, también conoce gente en aquel lugar maldito, como la luminosa, incompleta y algo chiflada Raluca, que pinta cuadros de caballos y tiene un secreto. Allí todos arrastran algún secreto, algunos más oscuros y peligrosos que otros. Y algunos simplemente ridículos. También hay humor en ese pueblo triste, porque la vida tiene mucho de comedia. Y gente que finge ser quien no es, o que oculta lo que planea. Es el gran juego de las falsedades.

Un mecanismo de intriga hipnotizante desvela poco a poco el misterio de ese hombre, y al hacerlo nos muestra el interior de lo que somos, una radiografía de los anhelos humanos: el miedo y la serenidad, la culpa y la redención, el odio y el deseo. Esta novela habla del Bien y del Mal, y de cómo, pese a todo, el Bien predomina. Es una historia de amor, de amor tierno y febril entre Raluca y el protagonista, pero también de amor por la vida. Porque después de cada derrota puede haber un nuevo comienzo, y porque la suerte sólo es buena si decidimos que lo sea.

 

La buena suerte, nos enseñó Voltaire, se compone de preparación y oportunidad. No es el azar, la coincidencia, sino crear las circunstancias para que ocurran cosas positivas. En esta triple crisis sanitaria, medioambiental y socioeconómica (de empleo), Rosa Montero proclama en forma de novela que la buena suerte es ser buena gente.

“La buena suerte” es una novela de presentes cercanos que se preocupa por el futuro del mundo y que lo denuncia con un ritmo narrativo incuestionable.
Y con ellos dos Pablo Hernando y Raluca, como protagonistas principales, y un par de secundarios más, monta Rosa Montero una preciosa novela intimista que escarba en lo más profundo del ser humano: en sus miedos, sus anhelos, esas viejas angustias nunca resueltas, sus traumas y, en general, en todas aquellas cosas dañinas que tragamos, terminan tiñendo nuestro presente de gris.
Haciendo brillar su oficio periodístico, la autora aprovecha las páginas de esta novela para denunciar la violencia en todas sus esferas, específicamente la intrafamiliar y la que se ejerce en contra de los animales. La vejez es otro de los temas que se abordan, un ciclo de la vida que va de la mano de inseguridades y complejos que se hacen más vívidos cuando vemos hacia atrás y sentimos el peso de lo que hicimos y la carga insostenible que puede significar lo que no llegamos a hacer.
Pese a todo, no es “La buena suerte” una novela que se regodee en las penas, no; hasta su título es un canto a la alegría. Porque la novela, naturalmente, tiene una historia, pero siendo la misma una especie de novela negra en la que nos atrapa la autora desde el primer párrafo, no es, a mi entender, el valor máximo de esta última obra de la escritora madrileña.
Por una parte, es una de esas historias profundas que, por su sencillez, puede interesar y atrapar incluso a aquellos que leen por puro entretenimiento. Y es que no podía ser de otra forma porque ya sabéis cómo se las gasta Montero y lo bien que le sale eso de dar una de cal y otra de arena, salpicando aquí y allá con unas píldoras de humor y de amor, que de ese, y del bueno también hay aquí además de otros temas de mucho calado.
Por otra parte es una historia llena de secretos, llena de mentiras  y llena de pasión por la vida y de redención, de miedo, de valentía y de amor; y de humor, también, porque la vida es una tragicomedia. Trata también sobre la falta de control del ser humano: todo se puede derrumbar de la noche a la mañana, pero, al mismo tiempo, siempre podemos jugar nuestras cartas, podemos buscar nuestra “buena suerte”.
Y claro que consigue lo que se propone, no solo aderezar la historia, sino compensar esos otros momentos mucho más duros. Ya que, desde mi punto de vista, lo que nos da a manos llenas esta historia son bofetadas de realidad y, sobre todo, nos enseña a mirar la vida con otros ojos.
Creo que en “La buena suerte” ha conseguido acercarme a ese nudo, a ese núcleo ardiente de la vida más que nunca. Ha conseguido acercarme a darle un pellizco a la realidad.
Hay una frase de Lorenzo de Medici, un gran personaje del Quattrocento italiano, que lo explica muy bien: "Quien quiera estar contento, que lo esté. Del mañana no hay certeza", concluye.
 
A través de la historia de dos personajes inolvidables, Pablo y Raluca, cuyas vidas se cruzan de manera fortuita en un pueblo agonizante del sur de España, “La buena suerte” narra un misterio donde nada es lo que parece y cuyas capas van desvelándose página a página. Esta novela contemporánea, intensa, emocionante, terrible y optimista al mismo tiempo, reflexiona, en tiempos inciertos como los actuales, sobre el Bien y el Mal, el miedo y el valor, la luz y la oscuridad, la alegría como hábito y el poder de la bondad y la belleza para parar el dolor del mundo.
La maestría de la autora en este tipo de novelas es tomar personajes aparentemente reales y contarnos ficciones que también podrían ser absolutamente reales. En esta ocasión, además mezcla perfectamente ficción y realidad, dejando que la realidad supere en horror a la ficción, pero consiguiendo que finalmente sea la ficción la que cale con dolor en nuestra alma lectora.
Rosa Montero es la redactora que intercala, con rigor, una serie de noticias aparecidas tiempo atrás en la prensa, que aluden a crímenes contra la infancia, abusos a niños provocados por sus propios padres, asesinatos, torturas, violaciones… Así mismo deja constancia de la brutalidad que los falangistas llevaron a cabo con los más débiles, los mineros. Y evidencia la atrocidad de aquellos que se sienten superiores, cuando en realidad son cobardes, como aquellos dos mendigos a los que rociaron con gasolina en un cajero de Madrid y los quemaron vivos.
Con pequeñas pinceladas se adentra en las profundidades, que de eso trata la novela. Escarbar y escarbar para poder entender.
Y todo este mapa emocional con una prosa certera y un estilo elegante y fluido. “La buena suerte” es una novela que te gana por la profundidad de los personajes, tan de carne y hueso como imperfectos, y capaces de emocionarnos. El miedo, el dolor, el amor, la bondad y la maldad en estado puro se dan la mano en una magnífica historia que invita a la introspección personal y os habla de la necesidad del ser humano de reinventarse. A mí me ha encantado y me ha hecho pensar en lo afortunados que somos muchos sin saberlo. No dejéis de leerla.
El recorrer de las páginas de esta obra resulta un regalo tremendamente especial, una cita pertinente y anhelada en un momento en que la desesperanza y la incertidumbre han cambiado las reglas de juego. Incluso pareciera que este libro hubiese empezado a escribirse en el confinamiento.
 
“La buena suerte”, una crónica redonda donde los personajes danzan a través de una senda que acaba siendo camino para quien se sienta a leerla. Parece que el manejo de la vida del lector queda en manos de otros, que solo le queda esconderse y resignarse. Todos hemos estado tentados alguna vez de huir, aun sabiendo que eso no solucionaría nada.
Personajes llenos de matices, protagonistas reales llenos de luces y de muchas más sombras. Unos personajes de los que os va dosificando la información, de los que os va desgranando, a cuentagotas, un pasado que determina su presente.
Son diversos frentes los que abre la autora para vosotros, algunos de ellos mencionándolos a través de los pensamientos del propio protagonista y otros apoyándose en las diferentes situaciones que se van generando en esta historia en la que cada personaje tiene un cometido. La novelista os los va desnudando a todos dejando piezas aquí y allá, que no son más que los trozos en los que han ido quedando sus vidas. Y mientras los acompañáis, en ese territorio de relaciones y entendimiento en el que la escritora rutila y encanta, pues nos refleja en la piel de personajes entrañables e inolvidables.
Es en ese contacto con los demás en el que los habitantes de esta historia, al igual que cualquier persona, se transforman y van comprendiendo la vida bajo otros criterios.
 
“La buena suerte” es una novela ágil, tierna y profunda en la que Rosa Montero nos invita a perder el miedo, a no guardar silencio pero, por encima de todo, a descubrir la capacidad del ser humano para sobrevivir, renacer y reinventarse. Podemos elegir cómo respondemos a lo que nos sucede y en cada decisión nos jugamos nuestra vida y nuestra felicidad.
Se agradece leer de vez en cuando una historia así, sobre todo si la escribe Rosa Montero.
 

martes, 22 de agosto de 2017

LA CARNE. Rosa Montero.



Si hay una mujer que ha sabido entran y salir en distintos temas en la literatura actual de nuestro país, esa es, Rosa Montero. Por eso la publicación de su nuevo título, me llamo la atención. Hoy os traigo en mi estantería virtual, “La carne”.
“La carne” es una historia potente, en la que cada página encuentras momentos para reflexionar sobre la vida, el amor y el paso del tiempo sin vueltas atrás.


SINOPSIS: «Al final todo acaba por desembocar en el amor. Y en el daño.»
Una noche de ópera, Soledad contrata a un gigoló para que la acompañe a la función y así poder dar celos a un examante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación inquietante, volcánica y tal vez peligrosa. Ella tiene sesenta años; el gigoló, treinta y dos.
Desde el humor, pero también desde la rabia y la desesperación de quien se rebela contra los estragos del tiempo, el relato de la vida de Soledad se entreteje con las historias de los escritores malditos de la exposición que está organizando para la Biblioteca Nacional.
La carne es una novela audaz y sorprendente, la más libre y personal de las que ha escrito Rosa Montero.









“La carne” es una novela sobre el amor. Sobre el amor que se da y que se necesita recibir.
Rosa Montero ha escrito una novela sobre gente herida por el pánico a la soledad y a no ser nunca amada.
Comienza así esta novela en la que la escritora nos habla del paso del tiempo, de sexo, de fantasmas del pasado, la muerte, la maternidad frustrada y de amor. Porque Soledad –la protagonista- tiene miedo a envejecer, pero toda la obsesión que la invade cuando mira su cuerpo, cuando se deja llevar por la hipocondría que la esclaviza, no es sino el reflejo de un miedo mayor como es la soledad.
Toda una serie de acontecimientos emocionantes que despiertan nuestro interés por el transcurso del tiempo y sus acompañantes, que habla del pánico a la extinción personal, que habla tanto de la derrota como de las posibilidades, que  nos habla del deseo inevitable de amar y de la maravillosa esclavitud del sexo, de la existencia vista como un minúsculo instante fugitivo en el que vivir o ser vivido.
La autora madrileña nos entrega un libro reflexivo, que tiene un ritmo, que sin ser estrictamente de suspense, engancha al lector hasta terminarlo. Ya que es el manejo que consigue la autora de la trama lo que la hace palpitante.
Una vez más nos deleita con un relato fresco y ágil en el que plasma su concepción del mundo femenino. Un relato que sorprende a medida que se avanza en él, al envolver al lector, con hechos de la vida cotidiana que maneja con maestría para trazar rasgos psicológicos de la protagonista, seguramente de aplicación a muchas de las mujeres que se encuentran en situación parecida por edad y estado civil.
Con habilidad constructiva ha trazado una sutil correspondencia entre las dos líneas de fuerza de la edad: a los sesenta está el cuerpo diciéndote quién eres realmente, pero también comienzas a ver que administras otro tiempo, que las glorias pasadas no bastan.
Consecuencia de ello, su autora nos habla del deterioro y la decadencia. Pero, pese a lo que pueda parecer, este es un libro profundamente vitalista: un canto a la vida, un alegato contra la derrota y una oda a la nueva oportunidad. Podría pensarse que ésta es una novela de perdedores, pues sus personajes están heridos, incompletos y parece que nada les sale bien, pero yendo más allá, sería más correcto decir que es una novela de supervivientes.
Con todos estos ingredientes, Rosa Monterom, teje una intriga de la que es difícil apearse. Con destreza narrativa dibuja el paisaje devastado que deja el paso del tiempo en la carne, lo describe pormenorizadamente y no sin cierta ironía. Al tiempo que nos retrata una sociedad competitiva y patriarcal en la que a la mujer no se le perdona la vejez, sobre todo si no has tenido hijos. Una novela actual.

La novela funciona desde las primeras páginas, y es mucho más de lo que podemos encontrar en la sinopsis.
Rosa Montero ha conseguido un libro que se lee en un suspiro con el que uno puede emocionarse pasando por sentimientos encontrados de ternura, tensión, incredulidad, entendimiento, tensión y sonrisa controlada. Escrito con la dificultad que conlleva que quien te lee crea que es fácil, Montero desnuda a sus personajes y también uno o dos de los miedos de , aseguraría, casi cualquier lector.
Los que la seguimos, la conocemos y sabemos que es una escritora con mucho oficio y eso se nota en construcción de la novela, en el ritmo, en cómo dosifica la información y en como resuelve situaciones. Una forma de narrar pulcra, elegante, con garra, nos acompañará desde el principio hasta el final. A la novela, con sus reflexiones, sus argumentos y sus intimidades no le faltan ni le sobra una sola palabra. De igual modo, está plagada de matices y connotaciones es una novela riquísima y profunda. Además un detalle en ella que me ha gustado muchísimo es que la propia autora se ríe de sí misma.
La autora mantiene un ritmo ágil, dosificando con mucho acierto en la tensión narrativa, que va creciendo por momentos, en parte motivada por tantos y tantos temas candentes que pone sobre la mesa. Son tantos los palos que toca, que es prácticamente imposible que cualquier lector, ya sea hombre o mujer, no se sienta identificado en algún momento con alguno de los muchos temas expuestos.
Aunque parezca un argumento plano, el libro nos lleva por giros insospechados, impredecibles y muy bien narrados.
“La carne” es una lectura deliciosa, atrapadora y muy actual, con la energía y calidez que le da una autora como Rosa Montero.

Soledad y Adam son meros instrumentos de los que se vale la escritora para enfrentarnos a realidades en las que a menudo no queremos pensar o contra las que intentamos luchar si no en vano, si con pocas posibilidades de éxito porque el paso del tiempo y sus estragos nadie los puede parar.
Otro rasgo es, todo lo que va ocurriendo en la novela alrededor de estos dos personajes conduce a un interrogante. El que se abre ante Soledad respecto al ruso y viceversa. Pero no solo la comparten, si no al ir descubriendo su pasado los iremos conociendo a ellos mismos. Dicho lo anterior, Soledad, siendo incapaz de madurar, necesita reafirmarse, sentir que a pesar de su edad, de las arrugas, no es invisible. Adam es treinta años menor que ella, su cuerpo es joven y firme, su rostro atractivo. Es lo que quiere de él: la carne. Estamos sin lugar a dudas ante dos almas gemelas. Dos seres heridos en busca de su salvación.
En este caso, la autora, aúna dos personajes, aunque aparentemente dispares parecen encajar sin fisuras.
Entre los vaivenes de sus personajes iremos conociendo a cierto “escritores malditos” cuyas historias están engarzadas a la trama principal de forma extraordinaria y elegida con mucho tino. Para deleitarnos de pequeñas historias y darle un toque de metaliteratura a la novela.
Una novela que, a pesar de no ser demasiado extensa, perfila personajes interesantes, llenos de aristas, con los que nos hará sentirnos ante un espejo en no pocas ocasiones.

En resumen, “La carne” es una novela fácil de leer, con el aliciente de un ligero misterio, la pátina cultural proporcionada por las múltiples referencias a novelas, autores, operas. Una trama sentimental, emocional y, en cierto sentido, romántica y unos protagonistas en su justa medida complejos, cuya resolución puede satisfacer o decepcionar dependiendo de lo que esperen de quienes la lean.