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viernes, 8 de enero de 2021

PRIMERA HORA.


 

Esa hora, fui más yo misma que nunca. Me había sacado
a mi madre lentamente de encima, estaba acostada ahí́
respirando por primera vez, como si
el aire del cuarto me estuviera soplando
como a una burbuja. Todo lo que tenía que hacer
era salir por la línea de mi mirada y volver,
salir y volver, en la seda de la gravedad, la
presión del aire una caricia, oliendo en mí
la sangre cremosa de ella. El aire
me tocaba suavemente la piel y la lengua,
entraba en mí y sacaba los pequeños
suspiros que yo no sabía que eran míos.
No tenía miedo. Estaba acostada en la quietud
y miraba, y me dedicaba al pensamiento sin palabras,
mi mente recibía su oxigeno
directamente, la rica mezcla por boca.
No odiaba a nadie. Miraba y miraba,
y todo era interesante, yo era
libre, todavía no enamorada, no
pertenecía a nadie, no había bebido
leche, todavía – nadie tenía
mi corazón. No era muy humana. No
sabía que existía alguien más. Estaba acostada
como un dios, por una hora, después vinieron a buscarme,
y me llevaron con mi madre.

viernes, 19 de junio de 2020

ODA AL TERRENO.




 

Querido suelo, perdón por el desaire,
pensé que solo eras la base
para los personajes protagonistas: las plantas,
los animales y los animales humanos.
Es como si hubiese amado solamente las estrellas
y no el cielo que les proporcionó espacio
donde brillar. Sutil, variado,
sensible, eres la piel de nuestra tierra,
eres nuestra democracia. Cuando comprendí
que no te había rendido los mismos honores
que a otro ser vivo, sentí vergüenza de mí misma,
como si no hubiera reconocido
a un personaje que parecía tan diferente de mí,
y ahora me doy cuenta de que todos estamos hechos
de las mismas materias básicas
—los primos de aquella primera explosión de la nada—
todos juntos en nuestra intrincada ecuación. Oh, suelo,
ayúdanos a encontrar maneras de servirte en la vida,
tú, que nos has parido y nos has alimentado
y que al final nos habrás de acoger
para rotar juntos, tambaleándonos.
Para girar en la misma órbita.