-Narciso
Eduardo Pereyra-
Se
me fue de las manos
este
amor de trigo maduro.
Una
novela sin final,
medio
camino.
Nada
hay que duela más que una caricia
muerta
a mitad de piel.
Lo
que no fue del todo
queda
como una estrella en una noche
blanquecinamente
nublada.
El
viento trae un mágico desvelo de guitarras;
la
noche anda sin rumbo por las calles.
Es
inútil, son cosas…
Uno
siempre se queda sin lo de uno.
Hay
que seguir, aunque sea
con
la mitad del alma.
