Hazme
una cruz sencilla carpintero,
sin
añadidos ni ornamentos,
que
se vean desnudos los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.
Los
brazos en abrazo hacia la tierra,
el
ástil disparándose a los cielos.
Que
no haya un solo adorno que distraiga
este
gesto, este elemento humano
de
los dos mandamientos.
Sencilla,
sencilla, más sencilla,
hazme una cruz sencilla
carpintero.
