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sábado, 28 de septiembre de 2019

SAN JUAN DE LA CRUZ.




 



¡Un santo y un poeta cogidos de la mano!

Uno negando al otro, y siempre unidos…

Uno en el cielo de las vivencias sublimadas,

el otro penando en el infierno de los sentidos…



¡Ah, Castilla, Castilla, madre de tierra y luz!

¡Qué extraordinaria jornada

a la sombra de una cruz

tan leve y tan pesada!



 El alma ya liberada por el éxtasis;

el cuerpo todavía apresado a cada verso;

y el deseo de ser hombre, mantenido

en esa totalidad

contradictoria.



El Carmelo subido y recordado…

La paz de la eternidad

sin sosiego posible en la memoria.

domingo, 25 de diciembre de 2016

ROMANCE DEL NACIMIENTO.





Ilustración autor desconocido.
 

Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,

abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,

entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,

festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,

que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:

el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.

martes, 11 de junio de 2013

EL PASTORCITO.



 
San Juan de la Cruz
 
I
Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.
 
 II
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido ;
mas llora por pensar que está olvidado.
 
 III
Que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena,
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.
 
 IV
Y dice el pastorcico : ¡ Ay desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia,
y no quiere gozar la mi presencia
y el pecho por su amor muy lastimado !
 
 V
Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un arbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado, asido de ellos,
el pecho del amor muy lastimado.