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sábado, 23 de marzo de 2024

CUÉNTAME CÓMO VIVES.



Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives.
Ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres.
Nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres,
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.
 

sábado, 12 de noviembre de 2016

NO EL OTOÑO.




 

Otoño fiel: ¡oh madurez! Cansancio.
El fruto cae pesado, vuelve blando a la tierra,
se consume en aroma que flota denso y bajo
con un sopor caliente que inunda de inconsciencia.

El hombre está en la sombra, tendido, fatigado,
y dulce es el hastío, casi dulce la muerte,
demasiado dulce la música que le hunde
en un lento naufragio de pálidas caricias.

El hombre diminuto padece mil ternuras,
juzga cruel la terrible victoria de la vida,
se espanta ante ese gozo de la tierra exaltada
que sueña delirante sus nubes y sus monstruos.

¡Oh fuerzas heroicas! ¡Viento oscuro! ¡Entusiasmo!
¡Oh mar que se ilumina de venganza!
¡Oh jóvenes, oh rápidas,
devastadoras y alegres lluvias claras de marzo!

A vosotras os llamo, y mi sangre se enciende.
con dolor poderoso quisiera reteneros.
A ti: ¡oh mar, oh vida, oh joven
cuerpo tan fuerte como la inocencia!

Pero el hombre es pequeño. Y tierno. Y resignado.
Llamamos madurez a un cansancio de otoño.
Insistente me hunde hacia dentro una muerte
que pesa justamente lo mismo que mi cuerpo.

El hombre cae sin fuerzas. Las ráfagas se alejan.
Sopores vegetales sofocan su arrebato.
Pesada y ciega sueña la carne mientras leves,
músicas sin alma pueblan su vacío.

¡ Oh demasiado dulce !, tú invitas a la muerte,
pero algo palpita con ansia todavía.
La brisa dilata mi respirar pequeño,
lo exalta hacia una vida transparente y lejana.

Ligero ardor del aire, tú elevas de mi sangre
un dios ágil, desnudo, más joven que yo mismo.
No quiero, no, reposo. Luchar, vivir me basta,
contigo, dios alegre de la muerte valiente.

sábado, 30 de mayo de 2015

LA VIDA ES ANCHA.



 

Con todo mi dolor metido dentro
me he asomado a la ventana.
Allí fuera parecía que no pasaba nada.
Los árboles temblaban levemente
y el río, aunque charlaba, no explicaba.

Las estrellas fulgían sin declararse heridas
y la noche parecía una música callada.
Era mentira. Ya sé. Todo me mentía.
Si no serenidad, indiferencia.

Pero el que yo gritara mis pequeñas miserias
ante lo inmenso… ¡mira! ¡Qué vergüenza
creer que mis problemas son cosas medio serias!
No encontraba la paz sino la risa
de un mundo sin sentido y de una explosión perpetua.