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sábado, 17 de junio de 2017

LA MARIQUITA.






Había una vez una mariquita que estaba empeñada en ver salir el sol cada mañana, así que un día le pidió a su mamá que la despertase muy, pero muy temprano, para estar en la copa del árbol y así poder ver los primeros rayitos de sol.

Esa mañana su mamá corrió a despertarla y por más que lo intentó no lo consiguió.  Triste se quedó... por lo cual su mamá le dijo: tienes que estar pendiente del canto del gallo, al oír el Kikiriquiii debes levantarte de la cama.

Y efectivamente, a la mañana siguiente el gallo cantó, Kikiriquiiii, y volvió a cantar, Kikiriquiiii, y la mariquita se despertó, corrió corrió y corrió,  se lavó la carita, los dientes, se tomó su vasito de leche y galletas y se subió a la copa del árbol y allí esperó, esperó y esperó hasta que empezó a ver una pequeña luz que salía detrás de las montañas, y la mariquita se quedó asombrada de lo hermoso que era ver salir el sol y una lagrimita cayó por su carita de la emoción que le dio. 

Al rato pasaron sus amigos, la mariposa y el saltamontes y ellos le preguntaron:

Mariquita, ¿que hacéis tan temprano en la copa del árbol? y la mariquita les contó. Sus amigos quedaron tan motivados, que le pidieron a la mariquita si la podían acompañar al día siguiente y efectivamente así fue.  El gallo cantó con su alegre Kikiriki y el ritual continuó, se lavaron la carita, se cepillaron los dientes, se tomaron su vasito de leche y se subieron a la copa del árbol y una vez allí juntitos esperaron a que el sol empezase a salir y se prometieron que siempre lo repetirían como símbolo de su hermosa amistad.

jueves, 13 de marzo de 2014

EL NIÑO Y LA LUNA.






La luna y el niño juegan
 un juego que nadie ve;
 se ven sin mirarse, hablan
 lengua de pura mudez.

 ¿Qué se dicen, qué se callan,
 quién cuenta una, dos y tres,
 y quién tres y dos y uno
 y vuelve a empezar después?

 ¿Quién se quedó en el espejo,
 luna, para todo ver?
 Está el niño alegre y solo;
 la luna tiende a sus pies
 nieve de la madrugada,
 azul del amancer;
 en las dos caras del mundo
—la que oye y la que ve—
se parte en dos el silencio,
 la luz se vuelve al revés,
 y sin manos, van las manos
 a buscar quién sabe qué,
 y en el minuto de nadie
 pasa lo que nunca fue...
 El niño está solo y juega
 un juego que nadie ve.