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domingo, 12 de febrero de 2023

PRIMER AMOR.

Ilustración autor desconocido.
 

¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
 Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
 sin haberlo soñado, sin que nunca
 un ligero esperar prometiera la dicha.
 Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
 que te empuja de espaldas,
 te derriba a un abismo
 que no tiene medida ni fondo.
 ¡Abismo y solo abismo
 de ti hasta la muerte!
 ¡Tus brazos!
 Son tus brazos los mismos de otros días,
 y tiemblan y se cierran en torno de su cuerpo.
 Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido
 de cosas que tú ignoras,
 de mundos que lo mueven…
 ¡Oh pecho de tu cuerpo, tan firme y tan sensible
 que un vaho lo pone turbio
 y un beso lo traspasa!
 ¡Si nunca nadie dijo que así se amaba tanto!
 ¿Podías tú esperar que ardieran tus cabellos,
 que toda cuanta eres cayeras como lumbre
 en un grito sin cifra,
 desde una cordillera gritada por la aurora?
 ¿Ceniza tú algún día? ¿Ceniza esta locura
 que estrenas con la vida recién brotada al mundo?
 ¡Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca!
 Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo
 para quemar el cielo subiéndole la tierra.
 

sábado, 17 de septiembre de 2022

NANA DEL SUEÑO.

Ilustración autor desconocido.
 
 
Al sueño le crecen
cabellos de yerba.
 
Al sueño le nacen
azules gacelas,
 
que muerden los prados,
que triscan las eras;
 
que pacen las noches
sin que el sueño pueda
 
cortarse sus ramas
de verdes almendras.
 
Al sueño le llaman
y el sueño contesta,
 
con sus ojos claros
y su boca lenta,
 
que dice palabras
que el sueño se inventa.
 
Duérmete, mi vida,
niña de la tierra:
 
que el sueño te canta
para que te duermas.
 
 

domingo, 4 de mayo de 2014

MADRE.





Sí. Eres el hueso de mi madre,
pero tu voz ya no es su voz tampoco.
La memoria de ella te rodea...
¡Su joven estatura, su alegría,
aquel ímpetu que me dio la vida!
su palabra fue marcando mi camino.
Y aquella voz tan alta y vibradora
llega muerta dentro de tu voz.

¿Y tus cabellos...; dónde tus ojos?
¿Dónde el brillo de la luz que me alumbrara?
Están secos como frutos sin estío.
No los veo ni me guían ya tus ojos.
¿Estos son los pechos que yo tuve
en mis labios sin la voz con que los nombro?
¿Es el cuerpo que me hizo, esta traza
de carne ya dormida...?

¡Pesas poco, madre!
En mis duras piernas yo te mezo,
en mis brazos te recuesto como a hija.
Te responden maternales
las entrañas que me diste.

¡Cuánto dueles! Cual un parto
me desgarra tu vejez inesperada.
A tu lado hay una sombra de mi sangre...
El amor con que me hicisteis
aún resuena en mis arterias.

Fue tu tronco el más caliente a mi contacto.
Siempre anduve yo cubierta con tu apoyo.
La conciencia, la lealtad, la fortaleza
ante la vida son las tuyas.
¡Y ahora vienes como un niño ante mis ojos:
no sonríes ni esperas nada!