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lunes, 22 de enero de 2024

EN LA BOCA DEL LOBO. Elvira Lindo.

Elvira Lindo publica “En la boca del lobo” una novela en la que la fábula y la sutileza se entrelazan para abordar temas como el trauma infantil, la maternidad adolescente y las herencias emocionales.
 
SINOPSIS: Julieta y su madre llegan a La Sabina a pasar las vacaciones. A sus once años esa aldea perdida le parece a Julieta el mejor lugar para dejar atrás problemas a los que no sabe poner nombre. Ese verano eterno lleno de primeras veces, descubrirá que los cimientos del pueblo están hechos de secretos y recuerdos; los lindes del bosque, de cuentos y leyendas; y el corazón de las personas de miedo, odio, amor y esperanza, los cuatro sentimientos que nutren sus sueños y también sus peores pesadillas.
 En la boca del lobo surge de la mirada de una autora que ha destinado gran parte de su obra a observar la infancia en toda su riqueza, singularidad y vulnerabilidad, y muestra que las historias que compartimos, y las que nos contamos, pueden romper la maldición de una herencia envenenada.
Elvira Lindo regresa a la pura ficción creando un territorio literario propio, la despoblada Sabina y sus bosques, un escenario en el que realidad y fábula se dan la mano, como en los cuentos clásicos. El lector que se adentre en él, se verá inmerso en una novela magnífica, de intensidad creciente, ante cuyo misterio solo podrá responder con asombro y emoción.
 
 
Lindo ha dado un nuevo paso en su universo literario, ha entrado en esa feroz manera de observar la naturaleza humana desde un punto de no retorno, desde un abismo sin salida de emergencia, por medio de una voz infantil.
La literatura debe arder. “En la boca del lobo” encontraréis un relato magníficamente construido. La autora, crea una gran hoguera a la que os obligará a mirar fijamente, de manera casi hipnótica, mientras en ella se consumen miedos y dudas, heridas y soledades, aprendizajes y violencias. Un mundo, por lo tanto, donde las llamas proyectan una serie de sombras que la escritora delimita de manera firme, a través de una serie de personajes que serán inolvidables para el lector que se adentra en la España vaciada imprevisible de silencio y desamparos, cautivador desde las primeras páginas.  El tema básico que lo abarca todo es la vulnerabilidad en la infancia.
Dicho lugar se llama la Sabina, una aldea de once vecinos a poca distancia de la villa de Ademuz. Allí van, a instalarse en una ruinosa vivienda familiar, madre e hija a pasar el verano. Consumidas las jornadas estivales, Julieta no quiere regresar al domicilio en Valencia. Parece un empecinamiento de la niña caprichosa, arbitraria, displicente y rarita que habéis conocido desde el comienzo de la historia. Obedece, sin embargo, a una tremenda razón, silenciada desde el inicio de la novela, a lo que no sabe ponerle nombre, y sobre lo que la escritora sobrevuela sin nombrarlo. Una sombra nociva, siniestra, que aboca el amor tóxico en la inocente biografía de una niña.
“En la boca del lobo” aparecen rencores, vilezas, secretos innombrables cuyo recuerdo bastará para traicionar o castigar. Pero también lo hacen sentimientos de ternura en medio del dolor más absoluto.
En palabras de la autora: “No quería que fuese cruda, quería que fuese buena, limpia”.
 
El cuento clásico, en el que hay mucho que no se cuenta y que es tan amenazador. Cuando las palabras brotan como si fueran sangre. La literatura tiene sangre.
“En la boca del lobo” es una novela de emociones corales, interrelacionadas. Un mosaico de silencios y de ecos que germinan dentro de la narración. Lindo potencia la historia impregnándola de un halo legendario, de asociaciones con la literatura infantil, de ecos de misterio y vivencia aguda de la naturaleza. Estas formas no impiden otras muy alejadas: la cruda tragedia, la solidaridad y el documento de la pobreza y el subdesarrollo.
Una novela perlada de matices, de giros, de acidez, de humor, de dolor y de éxtasis. Con un lenguaje que concreta con inagotable maestría el alma de cada uno de los personajes, la autora va concatenando un buen número de luminosos y esclarecedores laberintos. Con un estilo sobrio, lúcido y penetrante, narrada con un prosa envolvente en estado de gracia.
De ahí el acierto formal de que la historia este contada desde el punto de vista retrospectivo, como recapitulación de un recuerdo doloroso que busca exorcizar el sentimiento de culpa de vivir en paz.
Tal vez sorprenda, o tal vez no, la escasa presencia de diálogos formales durante la novela. Hay comunicación entre los personajes, pero muchas veces son como un largo monologo casi interior, como si hablasen con la propia conciencia.
El lector que se adentre se verá inmerso en una magnífica novela, de intensidad creciente, ante cuyo misterio sólo podrá responder con asombro y emoción.
 
A partir de una aguda sensibilidad moral, Elvira Lindo escribe en “En la boca del lobo” una excelente indagación psicológica, compleja y emotiva, además de un testimonio impactante, en la vertiente más problemática de esa conflictiva edad.
La novela es un argumento de mujeres. Insisto en lo del “de” que no es lo mismo que “para”. Lo que se os muestra en la novela es un mundo femenino. Son potentes, entrañables; Guillermina con el sadismo que aventa todos los tiempos verbales de una madre que jamás quiso serlo. Julieta, la hija, que se va desdoblando a lo largo de la historia con gran virtuosismo y alienta un misterio que mantiene en vilo desde el inicio de la novela, las dos protagonistas principales. Las amigas íntimas de la abuela Esmeralda: Paquita, Encarna, Milagros y Virtudes. Mujeres del pueblo, curtidas, aguerridas, que llevan toda la vida viviendo allí y que están acostumbradas a las inclemencias y durezas de la vida en el campo. Pero, no dejan de hablaros de sentimientos, que es de lo que se trata. Además, si bien es cierta la importancia de las mujeres en el relato, no es menos cierto que también hay un par de personajes masculinos, especialmente el panadero, Leonardo, el marido de Virtudes, un hombre bonachón y campechano, que también tiene un papel importante en la trama y en el desarrollo del transcurso de la obra.
Pero sin duda, mi personaje favorito, es “la rubia”, la cálida, protectora y magnética Emma. Una mujer tozuda e insensata.
Lindo huye así de protagonistas convencionales y os deslumbra con arquetipos desaconsejados que sorprenden y cautivan.
Muy notoria también es la ambientación rural, es más que un decorado, os integra siendo un personaje más, siendo un estado de ánimo mutable y transformador de las personas.
 
"En la boca del lobo” es una novela que hay que aplaudir desde que se lee la primera línea, desde que se vislumbra la hecatombe que provocará en la memoria y el corazón de todo aquel que se sumerja en ella.

martes, 29 de noviembre de 2022

A CORAZÓN ABIERTO. Elvira Lindo.

La escritora Elvira Lindo, quien vuelve diez años después a la novela con “A corazón abierto”, a este respecto, no recuerdo haber leído nada de Lindo ni antes ni después del nacimiento de este blog.
 
SINOPSIS: El auge y declive de una gran pasión, el amor feroz de dos personas que parecían conjurarse en contra de una vida serena.
Partiendo de un episodio ocurrido en Madrid en 1939, la narradora de esta historia cuenta la apasionada y tormentosa relación de sus padres, y cómo la personalidad desmedida de él y el corazón débil de ella marcaron el pulso de la vida de toda la familia.
A corazón abierto es una novela que recorre nuestro país a lo largo de un siglo de grandes cambios y encierra un homenaje a una generación, la de quienes permanecieron en España en la inmediata posguerra, aquellos que, sin queja ni lamento, se concentraron en sobrevivir.
Desde la mirada empática y curiosa de una gran observadora que sabe transformar en ficción cada destello de la memoria, Elvira Lindo convierte a sus padres en personajes literarios para aproximarse a ellos con libertad, lucidez y sabiduría. Como si de una composición musical se tratara, cada capítulo es una demostración de gran técnica puesta al servicio del puro placer de narrar las luces y las sombras de un pasado convertido para siempre en gran literatura.
 
“A corazón abierto” no es una novela. Tampoco son confesiones. El argumento no es una memoria histórica o familiar. Podría ser una memoria literaria. Su nueva, arriesgada, profunda y emotiva novela de no ficción en la que el hilo conductor es la relación compleja y contradictoria con su padre. Es también un viaje a la infancia perdida y al mundo de los sueños.
La obra es un magistral retrato de la sociedad española de la postguerra, de la España de nuestros abuelos o padres o la nuestra. Una España que se envalentono para sobrevivir y trabajo duro para prosperar. Una España con verdaderos héroes, hombres que no lucharon en la guerra pero que siendo niños llevaban a cuesta el precio que se debía pagar por ella. Personas fuertes y llenas de debilidades que hubieran podido ser cualquiera miembro de nuestra familia.
Así mismo se hace palpable en el libro los cambios de vida en el país, en esa época en pleno inicio de transición postfranquista, con sus aires frescos y desmadrados; un legado costumbrista, cercano para muchos, y lejano e ignorado para las nuevas generaciones.
La escritora revive pues un pasado familiar repleto de incertidumbres y tensiones. Seguramente su novela más personal, también la más íntima. En ella, relata una etapa fundamental de su vida –la infancia y la adolescencia- y un tiempo anterior a su nacimiento. Lo hace centrándose en un hombre con el que no oculta su parentesco, y una mujer de corazón frágil que la abandono a una orfandad demasiado temprana. Ese hombre y esa mujer son los padres de una narradora que vuelca en la escritura su curiosidad por la vida y su deseo de esclarecer el pasado con el fin de explicarse su presente vital; también su forma de estar en el mundo, aquello que la ha llevado a ser quien es como persona.
La autora gaditana despliega su talento literario en una novela enorme que habla de lo más privado para llevaros a lo general.
Es decir, donde pivotan elementos familiares sobre los cuales se han tejiendo secretos, sobreentendidos, leyendas familiares, mitos, desgarros.
Coge de la mano al lector para llevarlo a través de un territorio que trasciende lo personal al lograr que este se identifique con su historia, a través de sentimientos comunes hacia una infancia de la época. En esta lectura se crea un espacio íntimo pero compartido. La autora se presenta como la gran observadora, la que no juzga, la que tan sólo quiere comprender.
 
Elvira Lindo se lanza con todo, pertrechada de su inteligencia, de una enorme valentía y de una evidente fortaleza emocional; y lo hace con la mirada comprensiva y piadosa hacia una circunstancia delicada, comprometida y sumamente difícil por cercana. La obra descubre a una escritora capaz de observar con una meritoria lucidez y que, al mismo tiempo, consigue expresar unos hechos sensibles. Por eso, la lectura de ciertos pasajes es sobrecogedora. Contada desde la desnudez de los sentimientos que logra un difícil equilibrio entre el reproche y el afecto para recordarnos que somos, la mayoría de las veces, lo que nos ha tocado vivir.
En este afán, Lindo ha escrito un libro hermoso, un texto sincero en el que se transparenta tanto la necesidad de llevarlo a cabo como el dolor que le ha causado darle a luz. Porque asistiréis ante una especie de parto al revés. Ante una creación en la que la hija, por medio del coraje y la reflexión, busca establecer o alumbra la vida de sus padres. Lo hace para comprenderlos, para ponerlos en limpio y para intentar hacer justicia poética, algo que solo es posible en la literatura.
Forma parte de un subgénero de la escritura autobiográfica que se podría nombrar libros de duelo. El libro es una evocación literaria con apariencia de novela en la que la familia Lindo habita unas páginas de autorretrato y retrato emocional, de desnudo interior, íntegro y trascendental donde la ironía ha cubierto todos los sufrimientos familiares trascurridos en un repertorio de anécdotas ingeniosas.
La escritura sin vanidad, profunda, emotiva y sincera. Quizás esas tres palabras sean las que mejor definen este libro. De una gran naturalidad y cercanía, con la voz de una amiga que en confianza cuenta su historia. Una narradora excelente, que logra hacer llorar o reír en una misma historia. Esta sensación aparentemente contradictoria la genera en esta novela, escrita con muchísimo corazón y con un homenaje hacia sus padres.
 
Los recuerdos de la autora llenan las páginas del libro de emociones sentidas, de imágenes que se  quedan grabadas de conversaciones ligeras o entrañables. Son las relaciones que has tenido con todos los suyos.
En un ejercicio de distanciamiento, perdón, investigación y descubrimiento, Lindo demuestra de forma valiente y verdadera a esos personajes tan cercanos en sangre pero tan alejados en todo lo demás.
Y no parece exagerado, porque los protagonistas, Manuel y Antonia, convertidos en personajes literarios, en una arriesgada biografía novelada en la que os da una visión completa y detallada, cargada de emociones, sentimientos y recuerdos de su infancia y de la visión que ella tiene de su familia. Va desgranando una crónica emocional, demorándose en los personajes principales, dedicándole, también espacios a Sagrario, la suegra, la mala de la película, a algunos que otros parientes y retratándose también a sí misma de niña, para que quede completa la foto del álbum familiar.
Para ello adopta una posición “en espejo” que le permite intuir, imaginar, comprender el origen del comportamiento de ambos progenitores, especialmente del padre, mucho antes de que engendrara una familia.
Una historia inteligente, emocionante, delicada y penetrante, que consigue dar vida a los protagonistas y a los que consigue dar un perfil en nuestra imaginación. Y los ayuda con descripciones psicológicas metódicas y eso precisamente es lo que ha hecho Elvira en “A corazón abierto”, indagar en el alma humana de una manera singular y también universal en la medida en que los convierte en personajes literarios.
 
“A corazón abierto” nos deja conmovidos y con ganas de buscar entre los recortes de periódicos que guardaban nuestros padres y abuelos para llegar a entender algo más nuestra propia historia, con todo lo que eso conlleva. Porque, como bien dice la autora: “no vivir es no sufrir y no saber”.