Mostrando entradas con la etiqueta Vicente Aleixandre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vicente Aleixandre. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de noviembre de 2024

MAÑANA NO VIVIRÉ.

 

Así besándote despacio ahogo un pájaro,
ciego olvido sin dientes que no me ama,
casi humo en silencio que pronto es lágrima
cuando tú como lago quieto tendida estás sin día.

Así besándote tu humedad no es pensamiento,
no alta montaña o carne,
porque nunca al borde del precipicio cuesta más el abrazo.

Así te tengo casi filo,
riesgo amoroso, botón, equilibrio,
te tengo entre el cielo y el fondo
al borde como ser o al borde amada.

Tus alas como brazos,
amorosa insistencia en este aire que es mío,
casi mejillas crean a plumón o arribada,
batiendo mientras me olvido de los sientes bajo tus labios.

No me esperéis mañana -olvido, olvido-;
no, sol, no me esperéis cuando la forma asciende al negro día creciente;
panteras ignoradas -un cadáver o un beso-,
sólo sonido extinto o sombra, el día me encuentra.
 

domingo, 6 de octubre de 2024

SOLO JUVENTUD.

 
-Vicente Aleixandre-
 
Jóvenes sois. Más jóvenes.
Ya no puedo mirar: el río asciende
hacia el origen. Y las aguas arden.
Y unas espumas corren: rumbo a su cima.
 
Es la furia del viento que algo invierte.
Mas pedir que el río corra hacia la mar
es pedir juventud, peces ligeros.
Seno donde arribar como a una risa
o espuma general. Y allí cumplirse.
 
La juventud cumplida es ella misma.
No es una edad que pasa. En ella, queda.
No hay más. El resto es mundo.
 

domingo, 2 de junio de 2024

QUIEN HACE VIVE.

 
 
La memoria de un hombre está en sus besos.
Pero nunca es verdad memoria extinta.
Contar la vida por los besos dados
no es alegre. Pero más triste es darlos sin memoria.
Por lo que un hombre hizo cuenta el tiempo.
Hacer es vivir más, o haber vivido,
o ir a vivir. Quien muere vive, y dura.
 

viernes, 24 de noviembre de 2023

NOMBRE.

 
-Vicente Aleixandre-
 
Mía eres. Pero otro
es aparentemente tu dueño. Por eso,
cuando digo tu nombre,
algo oculto se agita en mi alma.
Tu nombre suave, apenas pasado delicadamente por mi labio.
Pasa, se detiene, en el borde un instante se queda,
y luego vuela ligero, ¿quién lo creyera?: hecho puro sonido.
Me duele tu nombre como tu misma dolorosa carne en mis labios.
No sé si él emerge de mi pecho. Allí estaba
dormido, celeste, acaso luminoso. Recorría mi sangre
su sabido dominio, pero llegaba un instante
en que pasaba por la secreta yema donde tú residías,
secreto nombre, nunca sabido, por nadie aprendido,
doradamente quieto, cubierto solo, sin ruido, por mi leve sangre.
Ella luego te traía a mis labios. Mi sangre pasaba
con su luz todavía por mi boca. Y yo entonces estaba hablando con alguien
y arribaba el momento en que tu nombre con mi sangre pasaba por mi labio.
Un instante mi labio por virtud de su sangre sabía
a ti, y se ponía dorado, luminoso: brillaba de tu sabor sin que nadie lo viera.
 
Oh, cuán dulce era callar entonces, un momento. Tu nombre,
¿decirlo? ¿Dejarlo que brillara, secreto, revelado a los otros?
Oh, callarlo, más secretamente que nunca, tenerlo en la boca, sentirlo
continuo, dulce, lento, sensible sobre la lengua, y luego, cerrando los ojos,
dejarlo pasar al pecho
de nuevo, en su paz querida, en la visita callada
que se alberga, se aposenta y delicadamente se efunde.
 
Hoy tu nombre está aquí. No decirlo, no decirlo jamás, como un beso
que nadie daría, como nadie daría los labios a otro amor sino al suyo.
 

viernes, 29 de septiembre de 2017

EL VIENTO.





 

Se ha de ver en tus manos el viento,
anclado en tus dedos,
alzarse y prenderte.
De llama en tu pelo
-crepúsculo-,
se enrosca a mi cuerpo
y se yergue
hecho cinta y reflejo,
de cobre en tus ojos,
de carne en mis dedos.
Si te das al viento,
date toda hecha
viento contra viento,
y tómame en él
y viérteme el cuerpo,
ante que mi frente,
tú y el viento lejos,
sea sólo roce,
memoria del viento.

jueves, 11 de octubre de 2012

INTIMIDAD SOSEGADA.



Leí un poema de Edward Hirsch sobre la felicidad que termina con estos versos:
“Mi cabeza es como la luz celeste. / Mi corazón es como el amanecer.”

Ilustración Helen Sear.

Creo que a veces, no siempre, cuando oigo música, mi cabeza es como la luz celeste. Sin ningún esfuerzo por mi parte, me sobreviene la dicha. No me sucede a menudo, pero soy feliz cuando estoy en intima comunión con las notas y esa sensación de felicidad. A veces creo que con eso me basta, con los pocos momentos de éxtasis en una vida de grisura. Las montañas no existirían sin los valles. Para mí esos episodios, ese solaz inmenso, son como una ópera de Wagner. La historia arranca, la tensión aumenta, la música fluye y refluye, las cuerdas, los metales, más tensión, y de pronto un momento de pura felicidad. Gabriel hace sonar su trompeta dorada, un perfume de ambrosía impregna el aire, y los dioses descienden del Olimpo y danzan. Esta cumbre de éxtasis es de la más celestial.
¿Por qué empeñarse en ser diferente de la gente normal? ¿Por qué iba a querer ser normal?

Ilustración Ravski.

Ay, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre, 
¿no ves que no tienes absolutamente ninguna importancia?

En esos momentos dejo de ser quien soy, y sin embargo soy plenamente yo mismo, en cuerpo y alma. En esos momentos sanan todas mis heridas.
Sentado en el sillón de mi salón, no quiero que mi vida sea diferente. Estoy donde necesito estar. El gozo ensancha mi corazón. Llamadlo felicidad, llamadlo éxtasis, llamadlo como queráis. Me siento santificado. Me serena, distiendo dulcemente mi cuerpo; suspendiendo en la noción del tiempo. Estableciendo una intimidad sosegada, una fusión espacio-temporal, una combinación perfecta.
En ocasiones pienso que basta con eso, que soy afortunado.
La mayoría de las veces pienso que sufro delirios. “Vanitas vanitatum omnia vanitas”.
¿Acaso un alma sensible no es simplemente un medio de transformar una carencia en desdén orgulloso?


Ilustración Bela Kadar.

 LA LUZ.

Esa llegada de la luz que descansa en la frente.
¿De dónde llegas, de dónde vienes, amorosa forma que siento respirar,
que siento como un pecho que encerrara una música,
que siento como el rumor de unas arpas angélicas,
ya casi cristalinas como el rumor de los mundos?

Fragmento del poema de Vicente Aleixandre.