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sábado, 17 de febrero de 2024

EL REGAZO A VECES.



El regazo a veces es noche oscura, y no es de noche
sino de todas las noches de los siglos que hemos conocido,
que llevamos en las manos de norte a sur, de dehesa a río,
de pan caliente a mar... Y preguntamos por nosotros,
por alguna dicha, por algún dolor, por algunos silencios
de pan caliente a norte, por alguna imagen del sonido
sin verbos, y preguntamos por el nombre de donde nace
el espacio, por el hombro que sostiene el espacio
si hay hombro en algún lugar, si hay corazón en alguna piedra,
algún limonero, en algunas manos,
su hay hombro para algunas manos... Por el nombre de la imagen,
solo esa imagen sola donde reposa la trascendencia.
Y todo es silencio, solo el sonido
donde se refleja la imagen.
 

viernes, 17 de noviembre de 2023

EN EL HUECO DE UNA MANO, LO INFINITO.

 

En el hueco de la mano, alumbramiento de hojas. 
En la mano,
un hueco de pétalos como muchedumbre que no ha llegado
a ningún sitio, porque llegar es nacer y sólo se nace
en la mano, sólo en el hueco de la mano que nos sostiene.
¿Hueles los nardos? ¿Acaso el olor de los nardos no es un tacto,
acaso no acaricio la palabra como arcilla en la piedra,
acaso no me hundo en la palabra como un hueco que se esconde
y se prodiga, como un cuerpo abierto de amor en el silencio?
En el hueco de la mano, nada quema ni la vida pasa
ni el amor huye, porque en lo profundo de la vida se detiene
y se detienen las manos que han tocado otra mano en la arcilla.
En manos he vivido mi vida, en huecos he bebido el agua
que me daban y he comido el poso de nardos sin horizonte,
el paso de las rosas, el paso detenido del infierno,
la memoria del mundo, el amor que sólo cabe en una mano:
verdadero amor el que cabe en la mano, verdadera vida.
Sonido y silencio, agua y flor, luz y sombra, los ojos de Dios,
los ojos del hombre -lo único sin horizonte-, soledad
-morada del hombre, alma-, todo cabe en el hueco de una mano.
En el hueco de mi mano me encuentro, me tiendo y me prodigo
para cuando no importe ni el sonido no el silencio ni el hueco
amoroso de otra mano, ni el cielo más bello entre los pétalos.
Manos mías, dadme la paz de un tiempo serenado en sus manos.