Mostrando entradas con la etiqueta Biblioteca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biblioteca. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de octubre de 2024

DÍA DE LAS BIBLIOTECAS.

 

LA BIBLIOTECA NO ES UN LUGAR PARA LO SENSUAL
por eso me conmueve tanto este mínimo delito
cuando los estudiantes en verano deslizan sus 
                                 sandalias debajo de la mesa
y permanecen con los pies descalzos
rebelión contra una norma no escrita
esos tímidos pies, perfectos todavía,
proclamando lo que nos recordaba
uno de mis maestros:
que descalzo
se dice en otro idioma "pies desnudos".

lunes, 24 de octubre de 2022

POEMA DE LOS DONES. Día de las bibliotecas.

 
 
Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.
 
De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que sólo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
Los insensatos párrafos que ceden
 
Las albas a su afán. En vano el día
Les prodiga sus libros infinitos,
Arduos como los arduos manuscritos
Que perecieron en Alejandría.
 
De hambre y de sed (narra una historia griega)
Muere un rey entre fuentes y jardines;
Yo fatigo sin rumbo los confines
De esta alta y honda biblioteca ciega.
 
Enciclopedias, atlas, el Oriente
Y el Occidente, siglos, dinastías,
Símbolos, cosmos y cosmogonías
Brindan los muros, pero inútilmente.
 
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
Exploro con el báculo indeciso,
Yo, que me figuraba el Paraíso
Bajo la especie de una biblioteca.
 
Algo, que ciertamente no se nombra
Con la palabra azar, rige estas cosas;
Otro ya recibió en otras borrosas
Tardes los muchos libros y la sombra.
 
Al errar por las lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Que soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.
 
¿Cuál de los dos escribe este poema
De un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
Si es indiviso y uno el anatema?
 
Groussac o Borges, miro este querido
Mundo que se deforma y que se apaga
En una pálida ceniza vaga
Que se parece al sueño y al olvido.
 
 

martes, 24 de mayo de 2022

LA BIBLIOTECA DE PARÍS. Janet Skeslien Charles.

La autora es estadounidense, en 1999 se fue a vivir a París, y trabajó en la biblioteca que da título al libro. Se le ocurrió novelar varias historias reales de las que se enteró sobre cómo funcionó la Biblioteca Americana de París durante la Segunda Guerra Mundial.
 
SINOPSIS: Una historia de valentía y traición basada en las vicisitudes de los trabajadores de la Biblioteca Americana de París en la Segunda Guerra Mundial.
París, 1939. La joven Odile Souchet lo tiene todo: un atractivo novio oficial de policía y un trabajo de ensueño en la Biblioteca Americana de París. Pero cuando estalla la guerra y los nazis marchan sobre París, Odile se expone a perder todo lo que le importa, incluida su querida biblioteca. Sabe que en los momentos difíciles los templos de la cultura peligran porque los libros contienen palabras e ideas prohibidas que deben destruirse. Odile no puede permitir que eso suceda: debe salvar esas páginas, de modo que puedan nutrir la mente de quien llegue después. Junto con sus compañeros, se une a la Resistencia y pone el centro a disposición de los judíos: expulsados de sus casas, tras los libros se sienten seguros, y Odile los defenderá cueste lo que cueste.
 
 
 
 
En “La biblioteca de París” no estáis ante una novela que narra la crudeza de la guerra, se deja ver, pero no es objetivo principal.
Recupera la hazaña de una decena de libreros que pusieron su vida en riesgo para hacer lo que creían correcto, una enseñanza de la que Janet Skeslien Charles, estadounidense afincada en Francia desde hace veinte años, cree que podemos aprender hoy.
Creada en 1920 a partir de los fondos donados durante la Primera Guerra Mundial para enviar libros a los soldados que estaban en el frente, consideró que tenían que volver a defender los valores que habían supuesto la creación de la institución veinte años antes.
La novela cuenta con grandes momentos en los que la autora sabe conectar y trasmitir unos hechos en los que no faltaron actos de valor y sacrificio por parte de la población civil y lo mezcla con otros revestidos de romanticismo que ayudan a dar mayor cuerpo a la novela.
El relato apunta a una historia dual entrelazada por el personaje de Odile. Por un lado, París en los meses previos a la Segunda Guerra Mundial y los años de ocupación nazi. Aquí, además de descubrir con asombro la tozudez de los trabajadores de la Biblioteca Americana en París y sus esfuerzos y tejemanejes para mantenerla abierta, viviremos con Odile su pasión por los libros y su determinación a la hora de perseguir sus sueños a pesar de la opinión de la familia. Por otro lado, el otro hilo de la novela se desarrolla en Froid, un pueblo pequeño en Montana en 1983 y años posteriores donde Lily, una preadolescente solitaria, siente fascinación por su anciana vecina francesa; Lily, azuzada por la curiosidad, buscará una excusa para acercarse a esa vecina misteriosa, cuando lo logra, no imagina lo importante que esa mujer será en su vida.
En esta obra descubriréis una gran dosis de atrevimiento de los personajes, de resistencia, de valentía, lucha silenciosa, no solo por sobrevivir, sino también por vivir bajo un yugo inesperado. Una batalla en las sombras por la libertad de expresión, por los libros, por dejar un futuro mejor.
Una novela sobre el amor a la lectura, un canto al papel y la importancia de las bibliotecas, una reivindicación de la amistad, de la capacidad de superar y seguir viviendo a pesar de las adversidades que depara la vida. Un libro que leerás con auténtico placer.
 
“La biblioteca de Paría” articula su argumento en dos líneas temporales separadas por algo más de cuatro décadas. El hilo argumental del pasado os lleva hasta la ciudad de la luz, en 1939. La otra línea temporal está menos desarrollada y os sitúa en una pequeña comunidad de Montana en los años ochenta.
La novela discurre con una cadencia sosegada para que el lector avance sin prisas. De la mano de dos narradoras protagonista, que asumen la voz de ambos hilos temporales, la autora ha tejido una historia de intereses personales.
Dentro de la novela se desmenuzan muchos temas como las relaciones familiares, la amistad, la lealtad, el amor romántico, la traición, el perdón y por supuesto, el amor por los libros.
La fuerza narrativa de la primera línea temporal absorbe en contenido y contexto a la que se desarrolla más tarde, aunque sin esta segunda línea, el argumento de la novela perdería la consistencia de la voz de la trama.
La prosa de la autora es cuidada y fluida, tanto en París como en Montana, pasan cosas continuamente a las protagonistas y la lectura resulta muy ágil y discreta. No se puede dejar pasar la ingente labor de documentación de Janet Skeslien. La novela tiene su parte de emotividad, escenarios bien descritos y escenas que remueven la conciencia del lector. Una verdadera ficción histórica en la que la mayoría de los trabajadores y usuarios de la biblioteca arriesgaron sus vidas para ayudarse mutuamente a salvar la biblioteca y su contenido más apreciable. Fueron los luchadores de la resistencia bibliotecaria de su tiempo.
Una novela cautivadora, una historia de amistad y un homenaje al poder de las palabras.
La obra es un libro de libros, es cada esquina, el auténtico valor de la lectura está en la forma en la que conecta con los demás, al mundo, sobre todo en tiempo difíciles como los que pasan los protagonistas.
 
Necesitamos de las historias que otros cuentan para descubrir entre líneas aquellas frases que aplicar a nuestra existencia. Está contada de forma que atrapa al lector desde el principio, es de esas novelas en la que las autora va dejando algunas postas que adelantan el devenir de los sucesos, es decir, el lector sabe más que alguno de los personajes y espera a ver la reacción cuando los acontecimientos acurran.
Personajes reales y ficticios conviven en perfecta armonía en esta novela que muestra desde un ángulo diferente una parte de ese episodio histórico oscuro, revelando que fueron muchos los ciudadanos anónimos que contribuyeron con su valentía a dar un poco de calidad de vida a las personas que les rodeaban. Los personajes tienen y sienten una misma pasión: el placer de leer, además del conocimiento que proporcionan los libros.
Un elenco variado de personajes junto a Odile en París, ella resulta un personaje luminoso, arrollador que además, dará más de una sorpresa inesperada con su comportamiento y sus acciones. Y en Montana, Lily, inspira ternura y recibirá las lecciones que le harán falta en la vida de la mano de su vecina Odile.
Por otro lado, presenta también a algunos de los usuarios habituales de la biblioteca que terminan por convertirse en amigos y casi familia. La profesora Cohen, a quien le prohibieron la entrada en la biblioteca por ser judía; Monieur de Nerciat y el señor Pryce Jones que verán puesta a prueba su amistad por culpa de la guerra. La huella de la importancia que tuvieron los voluntarios para poder sacar adelante el trabajo a través de la figura de Margaret y presentará a la condesa Clara de Chambrun, patrocinadora de la biblioteca y que se hará cargo de la de la dirección cuando la señorita Reeder tenga que irse.
Los protagonistas ponen en valor sus peripecias y los libros, fieles compañeros, complementan el modo de ser y estar, y en su precipitada inconsciencia se enfrentan una vez más al mundo sereno de las palabras.
 
El relato apunta al enaltecimiento del valor de la defensa de los ideales que conoce una fuerza de la que se creía carecer. Hay una guerra entre palabras: nazis entre bibliotecarios, y éstos últimos ganan.
 
 

lunes, 4 de octubre de 2021

EL HOMBRE QUE ORDENABA BIBLIOTECAS. Juan Marqués.

El escritor y crítico literario da un salto de la poesía a la narrativa y publica su primera novela “El hombre que ordenaba bibliotecas”.
 
SINOPSIS:
Este libro no trata sobre libros. Trata sobre alguien que, a punto de cumplir cuarenta años, sufre, por primera vez en su vida, una monumental crisis de identidad que implica también una paralizante crisis vocacional. Incluso su relación con los libros, que tan necesarios habían sido siempre para él, se hace ambigua y hasta amarga. Durante esos extraños meses, el protagonista de esta novela sólo obtiene un consuelo inesperado en los encuentros que, primero por trabajo y después por casualidad, tiene con un hombre enigmático con el que establece una curiosa y asimétrica relación intelectual, y que despierta en el personaje el deseo de dedicarse a ordenar o completar bibliotecas ajenas, ocupación en la que, a su vez, irá relacionándose con los seres más estrafalarios, un verdadero catálogo de desórdenes psiquiátricos producidos principalmente por la propia literatura, e incluso por ese mismo libro que estamos leyendo, que a su vez deriva en una cavilación deliberadamente errática, en busca de los asuntos esenciales.
 
 
“El hombre que ordenaba bibliotecas” es también una indagación en la vida a través de los libros. Lo primero que nos dice la solapa, en esos textos que intentan situar, atraer o avisar al lector, es que este libro, a pesar de este título tan literario, tan poético, no os va a hablar de libros. Sí lo va a hacer, pero no de la manera que esperaría ese lector que lee y se fía de fajas, solapas o contraportadas.
El título y la profesión son un pretexto que rodea al protagonista desencantado de los libros, llegado el momento del colapso, decide dejar de leerlos y hablar de ellos como profesión y deriva su trabajo hacia las bibliotecas privadas que precisan un reacondicionamiento caprichoso por las razones más divergentes de sus propietarios. A partir de ese momento, deja de verlos desde dentro para verlos desde fuera. Y tras una conversación con un personaje con el que transita la novela y hará repaso de las cosas de las que de verdad le interesa hablar, en distintas ciudades, de manera un tanto errática, inacabada.
Los libros están y se nombran, el objetivo son las bibliotecas y sus dueños existen, pero no es el tema, porque el tema es la literatura. Es como decir que la vida está invadida por la literatura y cómo escribir desde la literatura para poder hablar de la vida.
 
Argumento original y escritor interesante. Es una novela corta y reflexiva. Cuenta lo menos, pero para expresar más. Puede verse en la brevedad del libro.
Escrito muy en serio, un humor especial invade cada una de las páginas, también reflexiones profundas, tramas complejas y, como buen poeta, algunas imágenes que os invaden visualmente. Con un lenguaje rico y muy bien llevado a la novela desde la poesía. Cumple con el sentido del libro, donde la libertad, a modo de itinerario, vertebra el viaje que emprende el protagonista-autor novelesco, que lo llevará desde Toulouse a su Zaragoza natal, y de allí a Grenoble; transitando entre otras muchas ciudades donde ejercer su peculiar oficio.
La más urgente, en la forma y en el fondo, que la función de los libros es, entre otras, ordenarnos la vida.
 
El protagonista sin nombre de la novela es un crítico de novedades editoriales, corrector y negro literario, que se acerca a la cuarentena y sufre una crisis de identidad.
En esta tesitura, sus dos únicos personajes son actores de una historia original. El protagonista recibe la llamada de un misterioso y afable personaje sin nombre. Entre ambos hombres, la conversación íntima fluye sin que apenas se sepa nada de ellos.
En esta parte, descubriréis que, en “El hombre que ordenaba bibliotecas”, Marqués repasa las vidas de un puñado de hombres y mujeres que viven el amor por los libros en el límite mismo del exceso. Combina, como lo haría un pintor, materiales fríos y calientes, que arrancan una sonrisa o provocan una reflexión crítica.
Por el camino, no hay una página que no contenga una felicidad.
 
Marqués, sin duda, sabe mirar. Como novelista, en “El hombre que ordenaba bibliotecas” su ópera prima narrativa es muy meritoria, un experimento literario apasionante que combina el sabor de la verdad con el aroma de la ficción.