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sábado, 8 de junio de 2024

LA DISYUNTIVA.


 
El intelecto humano está en la disyuntiva:
o la vida perfecta, o la perfecta obra.
Si elige la segunda a rehusar se obliga
una mansión divina mientras rabia en la sombra.
 
¿Y qué sucede cuando ese cuento termina?
Se tenga suerte o no, deja huella el afán:
vieja perplejidad, la cartera vacía,
o vanidad del día, el nocturno pesar.
 

domingo, 10 de julio de 2022

LA MUJER DEL CUADRO.

 
 
Lo empiezas a saber,
tu amor va enseñando sus sales de baño, sus fiestas de
guardar, sus cenas sin nadie;
a veces, el esqueleto de tu ángel de la guarda
baila en tus ojos,
ciertas avecillas silvestres amanecen temblando en tus
manos,
ya el tufo de la crucifixión
no te hace taparte la nariz de niña “que no sabe nada”,
“que no entiende nada”.
 
Ya cruzas la puerta,
ya sabes que el dolor es un mensajero servil del infinito,
en tus ojos aquello que miras despierta en ti misma como
pequeños niños
que se sientan al borde de sus camas
esperando que vengan a vestirlos.
 
Ya asumes tu cuerpo, ya viajas en todo lo que te rodea,
a veces en tu sonrisa todavía aparece
aquella niña larguirucha “tan bien educada”,
pero tu esperanza enflaquece llamándote con voz cada vez
más débil
cuando ya no te dignas escucharla.
 
Extrañamente hermosa eres ahora tu propio fantasma,
en tu alma han entrado la carne del mundo y la tuya
confundidas,
apiñadas por el mismo placer, revueltas por el mismo dolor.
Desnuda, la ropa que te acabas de quitar
ya no reaparece en tus ojos,
tu mirada y tu voz entonces también se quedan desnudas,
te quedas desnuda,
y por tu desnudez pasan los templos antiguos, las
oraciones, los heridos de guerra y los cánticos de guerra,
los mares lejanos y también la vida posible en otros
planetas.
Ya tu cuerpo comprende lo que significa ser tu cuerpo,
lo que significa que tú seas él;
tu cuerpo extendido a lo largo de tu amor, a lo largo de
tu alma,
y todos los barcos que zarpan de tu corazón llevan ahora
las luces apagadas.
 
Ya te has probado en ti
y un hombre no es el extraño invasor que conocías,
el esposo prudente, el hombrecito que cariñosamente te
mataba un momento
por unas cuantas caricias, por unas cuantas monedas.
 
Pero sabes también que no existe el triunfo que alguna vez
deseaste,
por eso en tu mirada puede oírse
el ruido del mar golpeando las costas solitarias y a veces
el chillido de un pájaro detrás de la niebla o la llovizna
pertinaz.
 
Ven aquí con tu colección de mariposas, con tus antiguos
juguetes que ya no existen
y que parecen burlarse de ti desde ciertos rincones,
ven aquí con tus segmentos de niña asombrada.
 
Ven a mirar mis osos polares.
Ven, ahora que sabes que también en los labios aparece
—sin que nos demos cuenta—
el beso monstruoso y bello
de aquello que todavía llamamos el alma.
 

viernes, 28 de abril de 2017

VENCIDOS.



 



Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.



Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,

y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,

va cargado de amargura,

que allá encontró sepultura

su amoroso batallar.

Va cargado de amargura,

que allá «quedó su ventura»

en la playa de Barcino, frente al mar.



Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.

Va cargado de amargura,

va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.



¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,

en horas de desaliento así te miro pasar!

¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar;

hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura

que yo también voy cargado

de amargura

y no puedo batallar!



Ponme a la grupa contigo,

caballero del honor,

ponme a la grupa contigo,

y llévame a ser contigo

pastor.



Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar…

sábado, 22 de noviembre de 2014

LÁGRIMAS DE ORO.





 
 
Una noche, Jesús, meditabundo,
con sus ojos tan grandes y tan tristes,
entre las sombras contemplaba al mundo.
La obscuridad en torno se extendía
como una mancha de carbón, y el cielo
un inmenso sudario parecía.
  
Y al contemplar la ingratitud humana,
más negra que la noche, más obscura
que las misma tinieblas, con tristeza,
con profundo dolor, con amargura
inclinó sobre el pecho la cabeza
y lloró…,lloró mucho….

Lentamente Jesús abrió los ojos,
esos ojos tan grandes y tan tristes,
que parecían llorar eternamente,
y al mirar en la bóveda sombría,
semejante a un obscuro terciopelo,
se secaron sus lágrimas… ¡Había
un enjambre de estrellas en el cielo!