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lunes, 14 de agosto de 2023

LA LIBRERA DE PARÍS. Kerri Maher.

Si, como a mí, os interesa los libros sobre libros y la intrahistoria de la publicación de novelas, seguro que la historia de Sylvia Beach no os decepcionará. La protagonista os trae el título: “La librera de París” de Kerri Maher.
 
SINOPSIS: Una novela sobre la epopeya de la fundación y apogeo de una de las librerías más míticas del mundo. Un canto emocionante al oficio de librero y a la literatura universal.
Cuando Sylvia Beach, una joven americana amante de los libros, abre Shakespeare and Company en una tranquila calle en el París de 1919, no tiene ni idea de que cambiará el curso de la literatura.
Shakespeare and Company es mucho más que una librería. Hemingway y muchos de los escritores de la Generación Perdida la consideran su segunda casa. Allí también se forjan algunas de las amistades literarias más importantes del siglo XX, como la de James Joyce con la misma Sylvia. Cuando la controvertida novela de Joyce, Ulysses, es prohibida, Beach decide publicarla bajo la protección de Shakespeare and Company.Pero el éxito y la fama que conllevan publicar la novela más controvertida e influyente del siglo tiene unos costes muy altos: la rivalidad de otros editores que quieren a Joyce para ellos. Sus relaciones más queridas son puestas a prueba mientras París cae en la Gran Depresión. Ante una gran crisis personal y financiera, Sylvia debe decidir qué significa para ella Shakespeare and Company.
 
La novela propone un viaje a un tiempo y la efervescencia de la cultura del París de los años veinte. La capital francesa entre guerras, escenario de un dinamismo literario envidiable donde conviven los autores autóctonos con exiliados norteamericanos.
La novela arranca cuando Sylvia todavía es una muchacha que acaba de instalarse en París. Cruza el Pont Neuf y se adentra en el Barrio Latino. Pero hay paseos que pueden cambiar una vida. Y hasta la historia de la literatura. Ese día Sylvia se dio de bruces con “La Maison des Amics des Livres” y con su destino y quien la incitó a que abriera una librería con ejemplares en inglés para venderlos o prestarlos, pues eran pocos los escritores que podían permitirse según que lujos. “La Maison” era la librería regentada por Adrienne Monnier. La amistad fue inmediata. El amor vendría después. Y el otro amor, el de los libros, marcaría la vida de estas dos mujeres valientes. Las dos convirtieron a la rue de l’Odéon en el hogar y punto de encuentro de todos los artistas de aquellos años.
A partir de ese momento, comienza la extraordinaria aventura de la que sigue siendo la librería más famosa del mundo: “Shakespeare and Company” -17 noviembre 1914 a finales de 1941-. Y, como si de una obra de teatro se tratara, a su pequeño establecimiento llegan los protagonistas de una realidad que más bien parece una ficción.
Con una gran sentido de la elipsis, adictiva, emocionante, sin adornos innecesarios pero con esperanza, la tensión vivida durante todo el libro, os explica los momentos culminantes del encuentro entre los dos personajes, sin dejar de lado a los secundarios imprescindibles, ni la crítica social, ni las relaciones personales, peculiares, pero terriblemente humanas, a pesar de la época. Así como, el repaso a los hechos históricos que abocaron al mundo y que tanto se parecen a situaciones actuales.
 
Se trata de un texto a medio camino entre la novela y el ensayo, en el que la escritora estadounidense ha logrado construir un fresco inigualable de una librería, una ciudad y una época esenciales.
Kerri Maher noveliza unos acontecimientos primordiales para la historia de la literatura del S. XX.
De entre todos los episodios de una vida memorable, la autora, elige éste para vertebrar la novela.
Consigue la autora transportaros a esa ciudad única en un libro que dibuja con certeza y poética una época irrepetible. Absorbente e hipnótico, puede que quien los lea sienta el deseo irrefrenable de visitar “Shakespeare and Company”.
Con un estilo sencillo te muestra la vida que envuelve los procesos intelectuales y cotidianos de los protagonistas Sylvia Beach, James Joyce y Adrienne Monnier para mostrar las inexcusables relaciones entre vida y literatura.
La autora no se limita solo a las circunstancias de la época, si no que describe la ilusión que provoca la fundación como el día a día de la librería: olor de los libros, el placer de la lectura, la pasión por la posesión y por la divulgación. “La librera de París” no solo es una novela para los amantes de las buenas historias, también gustará a aquellos que adoran los libros.
Con una prosa que acaba subyugando, los hilos de unas vidas que se irán enredando en una madeja de recuerdos, anhelos, rencores, emociones que parecían perdidas y otras que, con suerte, podrán ser recuperados.
Una obra mágica y cautivadora, veraz, desgarradora y, aun sin caer en la trampa de hundir el dedo en la llaga, consigue atrapar en un sueño, aquel que las musas y un gran trabajo de documentación le concedieron para que fuese compartido con los lectores.
 
Quiero señalar que me han gustado los inconfundibles personajes femenino Sylvia Beach y Adrienne Monnier con una trayectoria sugerente, ya que, exploran los rincones más secretos y políticamente incorrectos de la naturaleza femenina.
Os toparéis con una novela intimista, de personajes que se aman, que se quieren en presencia o en ausencia, de seres humanos que saben que el tejido de los afectos es lo más importante que tendrán.
La librería más famosa de la historia, la mujer que convirtió un local en la orilla izquierda del Sena, el tempo libresco para los expatriados americanos, merecía inspirar una ficción basada en hechos tan reales como asombrosos.
Paralela a la historia anterior, se encuentra la historia competidora y terminante. Sylvia era una mujer gay en el París de 1920 y tuvo una relación con Adrienne, librera y escultora, una artista emergente en aquel momento. El mundo de ambas, lo crearon, como una joven pareja convencional en el París de 1920. Se trataba de estar fuera de las normas y el resurgir del empoderamiento femenino. Sin frenos morales y el cosmopolitismo.
Por otro lado, la profundidad psicológica, sagaz y certera que emplea Kerri Maher para desnudar a sus personajes, unida a su destreza narrativa y estilística, consigue impresionar y embaucar el lector secuestrándolo dentro de la historia.
Por el libro cruzan todos los personajes importantes, artistas, escritores, editores de la primera década del Siglo XX, un tipo convulso: Scott Fitzgerald, Zelda, Hemingway, Ezra Pound, Gertrude Stein, T.S. Eliot, y por supuesto Joyce, son los nombres más relevantes pero no los únicos de “La generación perdida”. Entre ellos hay tanta rivalidad, como relaciones de afecto y admiración. Sus historias personales se entrecruzan y se mezclan con su producción literaria y artística, confluyen en ese momento crucial de la historia de Europa que es el período comprendido entre la primera y la segunda guerras mundiales.
 
Kerri Maher ha escrito una novela extraordinaria para que los lectores viajemos en el tiempo y nos adentremos en el universo de “Shekespeare and Company”, que ya es un poco nuestro. 

martes, 29 de noviembre de 2022

A CORAZÓN ABIERTO. Elvira Lindo.

La escritora Elvira Lindo, quien vuelve diez años después a la novela con “A corazón abierto”, a este respecto, no recuerdo haber leído nada de Lindo ni antes ni después del nacimiento de este blog.
 
SINOPSIS: El auge y declive de una gran pasión, el amor feroz de dos personas que parecían conjurarse en contra de una vida serena.
Partiendo de un episodio ocurrido en Madrid en 1939, la narradora de esta historia cuenta la apasionada y tormentosa relación de sus padres, y cómo la personalidad desmedida de él y el corazón débil de ella marcaron el pulso de la vida de toda la familia.
A corazón abierto es una novela que recorre nuestro país a lo largo de un siglo de grandes cambios y encierra un homenaje a una generación, la de quienes permanecieron en España en la inmediata posguerra, aquellos que, sin queja ni lamento, se concentraron en sobrevivir.
Desde la mirada empática y curiosa de una gran observadora que sabe transformar en ficción cada destello de la memoria, Elvira Lindo convierte a sus padres en personajes literarios para aproximarse a ellos con libertad, lucidez y sabiduría. Como si de una composición musical se tratara, cada capítulo es una demostración de gran técnica puesta al servicio del puro placer de narrar las luces y las sombras de un pasado convertido para siempre en gran literatura.
 
“A corazón abierto” no es una novela. Tampoco son confesiones. El argumento no es una memoria histórica o familiar. Podría ser una memoria literaria. Su nueva, arriesgada, profunda y emotiva novela de no ficción en la que el hilo conductor es la relación compleja y contradictoria con su padre. Es también un viaje a la infancia perdida y al mundo de los sueños.
La obra es un magistral retrato de la sociedad española de la postguerra, de la España de nuestros abuelos o padres o la nuestra. Una España que se envalentono para sobrevivir y trabajo duro para prosperar. Una España con verdaderos héroes, hombres que no lucharon en la guerra pero que siendo niños llevaban a cuesta el precio que se debía pagar por ella. Personas fuertes y llenas de debilidades que hubieran podido ser cualquiera miembro de nuestra familia.
Así mismo se hace palpable en el libro los cambios de vida en el país, en esa época en pleno inicio de transición postfranquista, con sus aires frescos y desmadrados; un legado costumbrista, cercano para muchos, y lejano e ignorado para las nuevas generaciones.
La escritora revive pues un pasado familiar repleto de incertidumbres y tensiones. Seguramente su novela más personal, también la más íntima. En ella, relata una etapa fundamental de su vida –la infancia y la adolescencia- y un tiempo anterior a su nacimiento. Lo hace centrándose en un hombre con el que no oculta su parentesco, y una mujer de corazón frágil que la abandono a una orfandad demasiado temprana. Ese hombre y esa mujer son los padres de una narradora que vuelca en la escritura su curiosidad por la vida y su deseo de esclarecer el pasado con el fin de explicarse su presente vital; también su forma de estar en el mundo, aquello que la ha llevado a ser quien es como persona.
La autora gaditana despliega su talento literario en una novela enorme que habla de lo más privado para llevaros a lo general.
Es decir, donde pivotan elementos familiares sobre los cuales se han tejiendo secretos, sobreentendidos, leyendas familiares, mitos, desgarros.
Coge de la mano al lector para llevarlo a través de un territorio que trasciende lo personal al lograr que este se identifique con su historia, a través de sentimientos comunes hacia una infancia de la época. En esta lectura se crea un espacio íntimo pero compartido. La autora se presenta como la gran observadora, la que no juzga, la que tan sólo quiere comprender.
 
Elvira Lindo se lanza con todo, pertrechada de su inteligencia, de una enorme valentía y de una evidente fortaleza emocional; y lo hace con la mirada comprensiva y piadosa hacia una circunstancia delicada, comprometida y sumamente difícil por cercana. La obra descubre a una escritora capaz de observar con una meritoria lucidez y que, al mismo tiempo, consigue expresar unos hechos sensibles. Por eso, la lectura de ciertos pasajes es sobrecogedora. Contada desde la desnudez de los sentimientos que logra un difícil equilibrio entre el reproche y el afecto para recordarnos que somos, la mayoría de las veces, lo que nos ha tocado vivir.
En este afán, Lindo ha escrito un libro hermoso, un texto sincero en el que se transparenta tanto la necesidad de llevarlo a cabo como el dolor que le ha causado darle a luz. Porque asistiréis ante una especie de parto al revés. Ante una creación en la que la hija, por medio del coraje y la reflexión, busca establecer o alumbra la vida de sus padres. Lo hace para comprenderlos, para ponerlos en limpio y para intentar hacer justicia poética, algo que solo es posible en la literatura.
Forma parte de un subgénero de la escritura autobiográfica que se podría nombrar libros de duelo. El libro es una evocación literaria con apariencia de novela en la que la familia Lindo habita unas páginas de autorretrato y retrato emocional, de desnudo interior, íntegro y trascendental donde la ironía ha cubierto todos los sufrimientos familiares trascurridos en un repertorio de anécdotas ingeniosas.
La escritura sin vanidad, profunda, emotiva y sincera. Quizás esas tres palabras sean las que mejor definen este libro. De una gran naturalidad y cercanía, con la voz de una amiga que en confianza cuenta su historia. Una narradora excelente, que logra hacer llorar o reír en una misma historia. Esta sensación aparentemente contradictoria la genera en esta novela, escrita con muchísimo corazón y con un homenaje hacia sus padres.
 
Los recuerdos de la autora llenan las páginas del libro de emociones sentidas, de imágenes que se  quedan grabadas de conversaciones ligeras o entrañables. Son las relaciones que has tenido con todos los suyos.
En un ejercicio de distanciamiento, perdón, investigación y descubrimiento, Lindo demuestra de forma valiente y verdadera a esos personajes tan cercanos en sangre pero tan alejados en todo lo demás.
Y no parece exagerado, porque los protagonistas, Manuel y Antonia, convertidos en personajes literarios, en una arriesgada biografía novelada en la que os da una visión completa y detallada, cargada de emociones, sentimientos y recuerdos de su infancia y de la visión que ella tiene de su familia. Va desgranando una crónica emocional, demorándose en los personajes principales, dedicándole, también espacios a Sagrario, la suegra, la mala de la película, a algunos que otros parientes y retratándose también a sí misma de niña, para que quede completa la foto del álbum familiar.
Para ello adopta una posición “en espejo” que le permite intuir, imaginar, comprender el origen del comportamiento de ambos progenitores, especialmente del padre, mucho antes de que engendrara una familia.
Una historia inteligente, emocionante, delicada y penetrante, que consigue dar vida a los protagonistas y a los que consigue dar un perfil en nuestra imaginación. Y los ayuda con descripciones psicológicas metódicas y eso precisamente es lo que ha hecho Elvira en “A corazón abierto”, indagar en el alma humana de una manera singular y también universal en la medida en que los convierte en personajes literarios.
 
“A corazón abierto” nos deja conmovidos y con ganas de buscar entre los recortes de periódicos que guardaban nuestros padres y abuelos para llegar a entender algo más nuestra propia historia, con todo lo que eso conlleva. Porque, como bien dice la autora: “no vivir es no sufrir y no saber”.
 

martes, 27 de septiembre de 2022

LAS FRÍAS NOCHES DE LA INFANCIA. Tezer Özlü.

La autora falleció de cáncer de mama seis años después de escribir este libro admirable. Cuenta una existencia amenazada por la locura y que no supo vivir o, al menos, vivió con extrañeza.
 
SINOPSIS:
A partir de los dieciocho años, escapando de una infancia en las que se sintió cautiva, esta mujer libre, acechada por la locura, prendada de la vida y de los hombres, vivió en París, Estambul, Berlín y Zúrich, donde murió de cáncer. Desplazamientos centelleantes que seguían la estela de sus caprichos, sus lecturas, sus amores o su necesidad de emancipación y descubrimiento. Pero una sombra la amenaza: diagnosticada maniacodepresiva, es internada y sometida a tratamientos de electroshock. En este texto repasa su infancia, el exilio, su desprecio por el conformismo y la humillación de los hospitales. Y redime su destino gracias a la búsqueda de un amor que alcance el infinito y transporte la vida hacia el futuro, de un destello que irradie y temple las frías noches de su infancia.
 
 
 
 
Hay autores que marcan de manera evidente la vida del lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Me ha sorprendido este poderoso retal de la memoria escrito por Tezer Özlü.
La palabra “desesperación” es horrorosa. La escritora comienza su relato traspasando sus sentimientos a los lectores.
“Las frías noches de la infancia” merodea por los recuerdos de una mujer acosada por conatos de suicidio y otros abismos. En algún que otro pasaje se describen sus distintas estancias en psiquiátricos, donde la autora padeció abusos y terapias de electro convulsión.
La novela parte, como reza el título, del frío helador que hacía en la casa de Estambul donde discurrió la niñez de la escritora, próxima a la mezquita Fatih, rodeada de pisos de cemento y de terrenos en ruinas en lo que fuera la simiente de la otra Constantinopla. Los años de adolescencia van más allá de las rugosidades de la edad: el extrañamiento, el desdén existencial, el sexo primerizo, el asqueamiento vital.
Es en esta etapa donde afloran los primeros raptos de suicidio.
La juventud, poco después, oscila entre los temibles ingresos en clínicas psiquiátricas, el canto a la vida en libertad y un afán inconformista en lo político –antes y después del golpe militar del 1971-, pero que se mezcla, en general, con una visión existencialista del mundo.
Todo lo anterior en una ubicación geográfica para nada casual, pero también como metáfora de las dos realidades en la que se ve envuelta la protagonista de la novela y condiciona.
Pero no hay en el libro nostalgia, sino simple constatación de una pérdida, una muestra de estupor algo desdeñosa ante los cambios. Todo el libro es una gran pregunta, un gran anhelo, una manera hermosa y desgarradora de entrañar los detalles.
Porque el tema, como se ve, no es fácil de digerir ni de contar. Y menos aún si se trata de la historia real, individualizada.
La devastación y la soledad emocional inundan un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobra fuerza y se dirigen a un vacío de melancolía asumible y únicamente los sueños parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone la vida.
Una compleja arquitectura interior sostiene y atraviesa esta novela: concluirá el narrador sin nombre su novela. El resultado es una historia poderosa con diferentes capas de interpretación y que tantea el género de la reflexión sobre la importancia de contarnos las cosas para encontrar salida o solución.
Si la nostalgia no me ha abandonado durante la lectura de “Las frías noches de la infancia”, tampoco lo ha hecho el dolor de los secretos y los silencios que se enquistan en el alma y el corazón, porque esta novela habla de la carga emocional que algunos hechos del pasado imprimen en el deambular de la vida.
 
Más que postales literarias, lo que hace Özlü se nos antoja fogonazos mentales, intensísimos, donde la vida, pese a todo, aflora con su pulsión y sexualidad.
Construye unos cimientos y una estructura perfectos con los que hace navegar por la trama a su antojo, y conduce con absoluta pericia por los caminos que ella quiere que surquemos.
La historia es un pequeño texto escrito con urgencia y pasmo, cuando la razón se tambalea porque no logra articular un discurso que facilite la digestión.
La escritura de Tezer Ölzü con sus idas y venidas, temáticas, pervirtiendo las nociones clásicas del espacio-tiempo, parece un reflejo de las terapias a las que se vio sometida. De una manera acompasada, entra en un tema y salta a otro. Engarza un momento concreto de su vida y acto seguido te añade detalles ajenos.
Es por ello que veo “Las frías noches de la infancia” como un conjunto de textos, emociones y pensamientos a modo de un gran cuadro. Cada detalle indica una vivencia precisa, minuciosa, íntima pero determinante, y la visión global de todas ellas es la que da la medida de la frialdad de unas noches que no fueron sólo las de su infancia, sino las de casi toda su vida.
Se construye esta narración, fragmentaria, quizás algo caprichosa, levantada sobre una prosa potente y directa de la autora. Es una superviviente de la vida real, se mueve con más desprecio que lástima, pero siempre sin sucumbir, siguiendo adelante.
El libro podría ser tomado como un derroche de dolor, de un flujo de sensaciones, pero es más un esfuerzo de la razón por nombrar para descargar incluso el dolor físico; si, porque el dolor de una pérdida también es físico.
 
“Las frías noches de la infancia” se lee de una sola sentada y su cronología desordenada no dejo de ver a esa niña primera, a esa mujer-niña, a esa adulta-mujer-niña, siempre disconforme con la vida pero a la que le cuesta tanto alcanzar la muerte.
Un reflejo de la tormenta interior y la desolación que era la vida de la protagonista, una mujer que confiesa no haber sido jamás feliz del todo.
La autora dota a su protagonista de una voz única, cálida, sensible y maravillosamente envolvente. Con elegancia pero sin artificio. Muestra, una gran capacidad para crear una figura realista y cercana, una figura tan real que podría acabar resultando cercana de cualquier lector. Esto, de un modo u otro, genera una empatía con ella y con su vida miserable, una de las grandezas de este libro y de su estilo narrativo en general.
Por supuesto, tiene mucho mérito dada la complejidad de sus indecisiones, paranoias y dolor que habita en ella; incapaz de saber si hizo y hace lo correcto, pero que trata de mantener firme sus convicciones. Es un reto escribir y describir bien la convivencia entre decisiones y dudas; que casen y fragüen sin que parezca forzar el binomio.
 
Una novela de intensidad variable a lo largo de sus páginas, pero potente, buena, original, para ver la historia desde dentro, incluyendo la tramoya.