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viernes, 17 de septiembre de 2021

DESNUDEZ.

 
 
Te arrojaba la sombra efluvios de agonía.
El silencio se hizo turbador y anhelante.
Escuché un susurrar de pétalos rosados.
Lirio entre lirios, blanco, se me mostró tu cuerpo.

Sentí de pronto indignos los toscos labios míos.
Mi alma cumplió un sueño conmovido: posar
en tu encanto, que sabe retener tanta luz,
el tembloroso hálito de algún místico beso.

Desdeñando los mundos que el deseo encadena,
gélida mantuviste tu sonrisa inmortal:
sobrehumana y extraña resiste la Belleza
y exige la distancia radiante del altar.

En torno a ti, esparcidos, sollozaban los nardos
y tus senos se erguían, intactos y orgullosos.
Quemaba en mi mirada el doloroso éxtasis
que oprime en los umbrales de la divinidad.
 

sábado, 3 de abril de 2021

LOS ÁRBOLES.

 

En el azur de abril, en el gris del otoño,
los árboles poseen una gracia inquietante.
El álamo en el viento se retuerce y se pliega
cual cuerpos de mujer trémulos de deseo.

Su gracia es un desmayo de carne abandonada
y murmura su fronda, al soñar se estremece,
se inclina, enamorada de las rosas del Este.
Lleva el olmo en su frente una corona pálida.

Revestido de claro de luna plateado,
el abedul deshila su cambiante marfil
y plasma palideces en las sombras inciertas.

El tilo huele a ásperas y oscuras cabelleras.
Y desde las acacias de lejana verdua
divinamente cae la nieve del perfume.
 

sábado, 17 de septiembre de 2016

DESNUDEZ.



Ilustración autor desconocido.
 

Te arrojaba la sombra efluvios de agonía.
El silencio se hizo turbador y anhelante.
Escuché un susurrar de pétalos rosados.
Lirio entre lirios, blanco, se me mostró tu cuerpo.
Sentí de pronto indignos los toscos labios míos.
Mi alma cumplió un sueño conmovido: posar
en tu encanto, que sabe retener tanta luz,
el tembloroso hálito de algún místico beso.
Desdeñando los mundos que el deseo encadena,
gélida mantuviste tu sonrisa inmortal:
Sobrehumana y extraña resiste la Belleza
y exige la distancia radiante del altar.
En torno a ti, esparcidos, sollozaban los nardos
y tus senos se erguían, intactos y orgullosos.
Quemaba en mi mirada el doloroso éxtasis
que oprime en los umbrales de la divinidad.