viernes, 17 de septiembre de 2021

DESNUDEZ.

 
 
Te arrojaba la sombra efluvios de agonía.
El silencio se hizo turbador y anhelante.
Escuché un susurrar de pétalos rosados.
Lirio entre lirios, blanco, se me mostró tu cuerpo.

Sentí de pronto indignos los toscos labios míos.
Mi alma cumplió un sueño conmovido: posar
en tu encanto, que sabe retener tanta luz,
el tembloroso hálito de algún místico beso.

Desdeñando los mundos que el deseo encadena,
gélida mantuviste tu sonrisa inmortal:
sobrehumana y extraña resiste la Belleza
y exige la distancia radiante del altar.

En torno a ti, esparcidos, sollozaban los nardos
y tus senos se erguían, intactos y orgullosos.
Quemaba en mi mirada el doloroso éxtasis
que oprime en los umbrales de la divinidad.
 

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