jueves, 22 de septiembre de 2016

OTOÑO.








¡Encantamiento de oro! ¡Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echando en el verdor de la colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

DÍA DEL ALZHÉIMER.






Lola a veces deja de saber que es Lola. Su nombre. Por eso, quizá, le gusten tanto los globos. Llenos de aire revoloteando desordenado y sin cronología en su memoria, como en la suya los recuer­dos. A la deriva hasta que alguien los res­cate y sostenga y devuelva a cierta realidad. Los ve como ella, tan perdidos. Frágiles.



Lola a veces deja de saber que es Lola. Su nom­bre, su edad. Ese olvido. Lenta pérdida, lento despedirse, lento desaparecer. No poder mirar hacia atrás y temer mirar hacia adelante. ¿Y justo enfrente, justo ahora? ¿Justo cuando se deshace el hilo que la ata a la razón? ¿Justo cuando el vacío…? Un refugio. Su abuelo, y los globos. “Me gusta sentir la piel de mi abuelo y la mía cuando se juntan. Sobre todo desde que las palabras juegan al escondite conmigo”. Lola, anciana-niña.

Fragmentos del libro: "ME GUSTAN LOS GLOBOS."

domingo, 18 de septiembre de 2016

TONADA DEL LORITO REAL.





 




Alegre loro

flor amarilla

pico de oro

ven a bailar.

¿Por qué te muerdes

tus plumas verdes?

Lorito rico

largo de cola,

corto de pico

¡ven a bailar!



-Baja del árbol.

-Ven a bailar.

-Flor amarilla.

-Ven a bailar.

-Bate las alas.

-Ven a bailar.

-Abre la cola

-Ven a bailar

-Échate al suelo.

-Lorito Real.

sábado, 17 de septiembre de 2016

DESNUDEZ.



Ilustración autor desconocido.
 

Te arrojaba la sombra efluvios de agonía.
El silencio se hizo turbador y anhelante.
Escuché un susurrar de pétalos rosados.
Lirio entre lirios, blanco, se me mostró tu cuerpo.
Sentí de pronto indignos los toscos labios míos.
Mi alma cumplió un sueño conmovido: posar
en tu encanto, que sabe retener tanta luz,
el tembloroso hálito de algún místico beso.
Desdeñando los mundos que el deseo encadena,
gélida mantuviste tu sonrisa inmortal:
Sobrehumana y extraña resiste la Belleza
y exige la distancia radiante del altar.
En torno a ti, esparcidos, sollozaban los nardos
y tus senos se erguían, intactos y orgullosos.
Quemaba en mi mirada el doloroso éxtasis
que oprime en los umbrales de la divinidad.