viernes, 20 de septiembre de 2019

COMER UN POEMA O ESCRIBIR UN PLATO.




 

Tú pretendes que el mar quepa en una cuchara;
yo que dentro de un verso se cocine el idioma.

Tú consigues que existan viajes para el olfato,
música en el sabor,
bandejas como islas donde rompen las olas;
yo imagino un manjar para el oído,
en que cada palabra saboree sus letras
y siga con los ojos a aquellos que la miran,
igual que los retratos de un museo.

La tinta hace invisible al calamar
y visible el poema;
pero los dos cuentan la misma historia,
y los libros cerrados
y los platos vacíos
y la gente que brinda
son su final feliz.

Abres una cerveza
y encuentras dos mensajes:
vivir calma la sed
y nadie está tan cerca como aquellos que escriben
sus nombres en la espuma.

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