domingo, 27 de febrero de 2022

LAS MONTAÑAS.

 
 
Por la tarde, algo detrás de mí.
Me sobresalto durante un segundo, palidezco,
tambaleante me detengo, y ardo.
No sé mi edad.
 
Por la mañana es distinto.
Un libro abierto me confronta,
demasiado cerca para leerlo cómodamente.
Dime cuántos años tengo.
 
Después el tema de los valles,
neblinas impenetrables
como algodón en mis oídos.
No sé mi edad.
 
No es mi intención quejarme.
Dicen que la culpa es mía.
Nadie me dice nada.
Dime cuántos años tengo.
 
Las demarcaciones más profundas
pueden extenderse y disiparse
como cualquier tatuaje azul.
No sé mi edad.
 
Caen las sombras, asciende la luz.
Luces que escalan, ¡oh niños!,
y nunca están lo suficiente.
Dime cuántos años tengo.
 
Alas de piedra se han cernido aquí,
plumas endureciendo las plumas.
Las garras se han perdido en algún lugar.
No sé mi edad.
 
Me estoy quedando sorda. No se oye
el llamado de los pájaros. Las cataratas
descienden turbias. ¿Cuál es mi edad?
Dime cuántos años tengo.
 
Deja que la luna se distienda,
que las estrellas vuelen sus cometas.
Quiero saber mi edad.
Dime cuántos años tengo.
 
 

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